viernes, 29 de febrero de 2008

Lázaro 4

Y aquí está la siguiente parte, después de todo este tiempo. No es que dejara de escribirlo, pero no tenía ese "toque" que me da ganas de escribir. Me faltaban dos sesiones por escribir, esta es la primera, la única que me ha dado tiempo a escribir antes de la partida de mañana, pero bueno, ni esta ni la siguiente es demasiado larga, así que más o menos las recuerdo o recordaré.

He cambiado un poco algunas cosas o las he omitido intencionadamente, porque mi memoria no es perfecta, pero creo que no ha quedado del todo mal. Acabo de escribirlo ahora y... pretendía seguir ahora, pero tengo que lavarme el pelo y son las 23:00 de la noche. Si me apetece, escribo el resto, pero creo que lo dejaré para la semana, porque lo que sucede en "Lázaro 5" es interesante.
(No entiendo muy bien porque me lo pone todo entre tanto espacio, bah, da igual)

Aquí está:


Ella me sonrió levemente, algo que agradecí. Devolví el estoque a la joven y extraña vampiresa de la que desconocía el nombre y miré al Nosferatu, tenía que hablar con él. Mientras caminaba pude ver como al lado de Amílcar había un perro de tres cabezas, algo que me sorprendió.

-Enhorabuena.-me dijo el Nosferatu, cuando llegué junto a él.

Volví a colocarme mis cosas y le respondí:

-Lamento no haber hecho más. La suerte no estaba conmigo.

El Nosferatu no dijo nada más. Sabía que pronto desaparecería y yo tenía algo que decirle, así que sin darle tiempo le dije:

-Tengo algo que preguntarte.

-Adelante.

-En cuanto al segundo trato del que hablamos… me gustaría saber todos y cada uno de los detalles que implicarán llevarlo a cabo.

-A cambio de un trabajo parecido a este, pero más grande, te diré quién fue el asesino de Laura.

-Pero dijiste que terminaría finalmente con la muerte de mi sire.

-Eso es lo que ocurrirá tras darte la información, sí. Pero es algo que tú llevarás a cabo.

-Entonces… tras hacer el trato… ¿yo seré el que elija si Íllode muere o no?

-Exacto.

-Entiendo… gracias…-antes de haber terminado la frase, el Nosferatu ya había desaparecido.

Miré atrás un momento, para comprobar si quedaba alguien. Descubrí que ya se habían marchado algunos, así que decidí volverme a mi territorio, el monte de San Pedro.

Tras un largo paseo, me coloqué en la zona más alta del parque, observando toda la ciudad. No era la primera vez que miraba ese bello paisaje, pero nunca me cansaba. Si cerraba los ojos, me imaginaba a mí mismo lanzándome al vacío, y desplegando mis alas para planear entre los edificios. Pero al abrirlos recordaba que yo había sido bendecido… o maldito con un solo ala. Salí del trance cuando oí un ladrido a mi espalda. Me di la vuelta y vi a la pequeña criatura de tres cabezas ladrarme amistosamente. Yo me agaché junto a él y lo acaricié, manteniendo una extraña conversación a base de ladridos. Cuando me incorporé, el perro comenzó a caminar y a mirarme. Supuse que quería que le siguiera, y eso hice.

Atravesamos parte del parque hasta llegar al conocido laberinto con paredes de arbusto. El perro ladró con sus tres cabezas, como mostrándome la entrada.

-¿Quieres que entre?-le dije, siendo contestado con un ladrido.-Está bien… entraré…

Atravesé aquel laberinto que ya casi me sabía de memoria, preguntándome con que me encontraría. Cuando llegué al final, junto al elefante-arbusto, vi clavada en su trompa un objeto alargado. Me acerqué mientras guardaba mi maza y lo cogí. Lo examiné detenidamente, ya que era la primera vez que veía algo parecido. Se trataba de una espada enfundada, sutilmente curvada y cuidadosamente adornada. Cogí la vaina con mi mano izquierda y llevé mi mano derecha a la empuñadura. Tras un leve chasquido, aquella espada salió limpiamente de su vaina, mostrándome una brillante hoja. Enganché la vaina a mi cinturón y toqué con mis manos la preciada arma, hasta que finalmente cogí la empuñadura con mis dos manos. Aunque nunca había tenido en mis manos una, tenía grandes dotes con las espadas y en pocos minutos sabía perfectamente como manejarla. Sonreí.

Cuando caminaba hacia la salida, me preguntaba quién me había hecho tan preciado regalo y me recordé que tenía que agradecérselo. Al llegar al exterior, comprobé que el animal había desaparecido. No le di importancia y volví a mi lugar. Volví a mirar la ciudad desde lo alto, pero esta vez mi pensamiento había cambiado. Pensé en las palabras del Nosferatu… “es algo que tú llevarás a cabo”. Si lo había dicho era por algo, quizá tuviese el libre albedrío como para elegir si matarlo o no, pero las circunstancias me obligarían a hacerlo. Sólo había dos opciones a elegir: Saber la verdad y matar a mi sire… o seguir engañado en el mundo en el que mi sire me ayuda y protege. Difícil elección. Lástima que el valor de la verdad fuese más alto que el valor de la no-vida de mi sire…

Utilicé la Fusión con la Tierra, adquirida gracias a Protean, para pasar el día. Esa noche… había terminado.

Noche 3 – El Ángel de la Venganza

Salí de nuevo al exterior. Comprobé que todas mis armas estuvieran bien colocadas y corrí hacia el Elíseo lo más veloz que pude. Quería ver a mi sire por última vez antes de saber quién era el asesino de Laura y descubrir la razón por la que yo querría matar a mi sire. Por el camino noté que mi reserva de sangre comenzaba a resentirse, pero no le di importancia, cuanto más se retrasase aquella fatídica experiencia, mejor.

Al llegar a los jardines del Elíseo, me escondí detrás de un árbol, observando a mi sire. Hablaba con Angelina, la vampiresa que me había presentado la noche anterior. Suspiré, estaba confuso. Sin embargo no perdería más el tiempo. Me alejé de allí en dirección a la torre de control. Los alrededores solían estar solitarios.

Comprobé que no hubiese nadie, cuando, de repente, me encontré de frente con el Nosferatu. Todavía me impresionaba que apareciese justo cuando lo necesitaba.

-Buenas noches, Lázaro.

-Buenas noches…

-¿Has tomado una decisión?-dijo, aunque yo sabía que él conocía mi respuesta.

-Sí.

-¿Y bien?

-Hagamos el trato. Trabajaré para ti a cambio de saber quién fue el asesino de Laura.

Pasaron varios segundos intensos de silencio.

-El asesino de tu amada… es Íllode, tu sire.

Mi parado corazón dio un vuelco. Mis ojos felinos se hicieron más grandes que nunca.

-No… es… posible. ¡No es posible!-grité.

El Nosferatu no respondió. Yo no quería creer lo que me decía, pero mi subconsciente me obligaba a ver la realidad. Mi sire se había aprovechado de mí en todo momento, y aprovecharía mi pérdida de memoria para seguir manipulándome, ya que yo le creía ciegamente.

-¡Mierda!-grité, dando un fuerte golpe a la pared, que se resquebrajó un poco.

¿Todo había sido mentira? ¿Qué había pasado antes de perder la memoria? ¿Era mentira lo de Laura? ¿Aquello que yo perseguía con toda la determinación de la que disponía… podía ser mentira?

Agarré violentamente del cuello del Nosferatu mientras le miraba muy enfadado.

-¿Quién soy yo? ¡Dime! ¡¿QUIÉN COÑO SOY YO?!

Tras pasar unos segundos, lo solté. Me apoyé en la pared y me dejé caer hasta estar sentado en el suelo.

-Lo mataré. Lo mataré con mis propias manos. Y después de matarlo, empezará mi nueva vida. No… mi nueva vida no. Empezará mi vida.

El Nosferatu seguía en silencio. Supuse que pronto desaparecería, así que le hice una última pregunta que me reconcomía.

-El vástago… el sire de una vampiresa llamada Elisa… ¿lo asesiné yo?

-Sí. Tu sire te engañó diciendo que él era el vampiro al que buscabas. Poco después de acabar con él, perdiste la memoria y se aprovechó para usarte como arma contra ese otro cainita.

-Amílcar…-dije, aunque el Nosferatu ya no estaba allí.

Me levanté y suspiré. Todo lo que ocurriría a partir de ese momento sería complicaciones, y tendría que ir resolviéndolas para saldar mis cuentas. Me enfrentaría a Elisa si la venganza era su deseo. Lucharía contra Amílcar porque le juré que lo mataría y ahora no iba a echarme atrás. Y después, me encargaría personalmente del hijo de la gran puta que me había jodido, Íllode.

Lo primero era Elisa, así que me dispuse a buscarla. Fui por muchas de las zonas de La Coruña pero no había ni rastro de ella. Cuando me di por vencido, caminaba en dirección al Millenium, y fue entonces cuando vi a una vampiresa sentada al borde una placita que daba al mar. Era ella. Por fin la había encontrado.

-Elisa…-dije.

Se dio la vuelta y me miró.

-Ah, hola, Lázaro.-me sorprendió su amabilidad.

-Debo decirte algo…-dije.

-¿Oh?-dijo sorprendida.-¿Qué quieres decirme?

-Aunque no he recuperado la memoria…, he descubierto que sí es cierto que maté a tu sire. Mi sire me engañó diciéndome que era el vampiro al que buscaba, supongo que porque tenía interés en eliminarlo, aunque no sé sus razones…

-¿Tu… sire?-me preguntó.

-Sí. El vampiro del que he querido vengarme todo este tiempo… ha resultado ser él.-antes de que pudiera empezar a hablar, seguí.-Comprendo que quieras vengarte de mí igualmente, ya que esto no niega que haya sido yo el que haya matado a tu sire.

-No…-dijo ella volviendo a mirar hacia el horizonte.-

-¿No?-le pregunté, ya que no entendía que quería decirme.

-Lo has matado, sí. Pero porque tu sire te había engañado, él es el cabrón culpable de la muerte de mi sire. Si tengo que vengarme de alguien… es sin duda de…

-Yo lo mataré. Me encargaré personalmente de que no quede nada de él.

-Está bien. Si todo esto acaba con la muerte de ese cabrón… todo está bien.

Me senté a su lado, después de todo, esa “zorra angustiada” había resultado ser una razonable aliada.

“Gracias… Elisa…”-pensé para mí.

Varios ladridos llamaron nuestra atención. Ambos miramos para atrás y pudimos descubrir que el perro de tres cabezas estaba allí. Lo acariciamos y yo mantuve una conversación a base de ladridos sin demasiado sentido. Pero de repente, se acercó al borde y comenzó a ladrar agresivamente.

-¿Qué le pasa a tu perro?-dijo Elisa, levantándose.

-No es mi perro… y… no sé, no sé que le pasa.-dije mientras yo también me ponía en pie.

Un sonido característico venía del mar.

-¿Qué es eso?-dijo Elisa, mientras mirábamos hacia una nube hecha de algún ser que no alcanzábamos a ver bien.

-Murciélagos…-dije, cuando finalmente descubrí que eran.

Volaron por encima de nosotros y antes de tocar el suelo se transformaron. Ante nosotros, había un grupo numeroso de vástagos, todos con algún rasgo animal, que comenzaron a caminar a paso ligero saliendo de aquella zona. Sin duda alguna, eran Gangrel. Pero… ¿qué hacían allí y todos juntos?

-Voy a seguirlos.-dijo Elisa mientras yo me hacía preguntas.

-Sí, sí. Yo también voy…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El día que escriba yo sobre Liebi os vais a cagar XD

Está muy bien ^_____^ Tengo ganas de leer la siguiente parte. Voléeee *0*


Liebi: Vooolaaaaaaaaaaar, Liebi pudo volaaaaaaaaaaar (8) Y entre las aves estar, estaaaar (8) Y desde arriba ver el maaaar, el maaar, el mar, el maaaar (8)

Lu~ . dijo...

Argelio-libanes-español, Thomas es francés y el resto españoles ._.

Yo en ese momento no sabía que Thomas era francés y no mentí diciendo que Ara es español, porque también lo es ;)

Lu wins B-).

PD- Escribe pronto el resto ^^