Ya seguiré subiendo los relatos de foro en el futuro, aunque los de "Héroes" ya se acabaron. Supongo que empezaría a subir los de "Resident Evil".
Pero hoy quería dedicar una entrada a los maravillosos seres que son los Minions. Este último viernes fui a ver "Gru, mi villano favorito" al cine, y aunque no es un peliculón made in Pixar, es un entretenimiento más que digno, donde las risas están aseguradas. Y sobre todo por los minions.
Aquí os dejo un trailer con una muestra de estos seres, y con alguna de las imágenes de las niñas, que también llenan la película:
Os la recomiendo!
P.D.: Ahora, con ganas de "Ga'hoole" y "La Red Social
domingo, 24 de octubre de 2010
martes, 5 de octubre de 2010
Relatos del foro 2
Tardé un buen rato en volver por aquí, pero pondré la segunda parte de "Héroes". La segunda y última, ya que como en el foro la idea no cuajó, sólo pude escribir una más. Aunque sí que me gustaría terminarla algún día. Lástima que me obsesione con algo cada cierto tiempo.
Espero que os guste:
Espero que os guste:
Héroes 2
Después de unas horas, me di una ducha y me preparé para ir a hacerle una visita a mi padre. Estaba seguro de que le animaría hablar de sus locuras. Cuando me miré al espejo, vi la cara de un muerto, mis ojeras eran casi más grandes que mi cabeza, y estaba pálido. Me lavé la cara para acabar de despertarme y tras recoger lo necesario, salí al exterior.
A los pocos minutos llegué al hospital, esperaba que, a pesar de no ser horario de visitar, me dejaran ver a mi padre. Con una de las recepcionistas estaba hablando la enfermera que atendía a mi padre. Pasé sin mirar, para que no trataran de pararme, pero un brazo me agarró de hombro.
-Señor McCarthy, disculpe.-me dijo una de las enfermeras
-¿Sí?-dije, suponiendo que me pararía para decirme que no podía ver a mi padre.
-Por fin sabemos algo de usted. Le hemos estado llamando a todos los números que nos dio pero no contestó a ninguno.
Saqué el móvil y comprobé que estaba apagado. Sin batería, supuse. La verdad es que llevaba un tiempo descuidando demasiadas cosas. Tardé en reaccionar y en darme cuenta de que si querían llamarme era por algo importante.
-¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo está mi padre?-dije, preocupado.
-Ha empeorado.-dijo, fingiendo estar realmente preocupada por un ser humano que le ocupaba una habitación y que no tenía cura de ningún tipo.-Lo hemos intentado todo pero no parece que vaya a mejorar…
-Quiero verlo. Ahora.-dije, impositivo.
La enfermera se apartó a un lado sin decir nada.
Caminé rápidamente mirando a los números de las habitaciones y entré en la de mi padre. Y lo vi allí, postrado en cama, demacrado, arrugado, pero con esos ojos verdes penetrantes que yo había heredado. Su mirada tenía la fuerza que a él le faltaba.
-Papá…-dije, preocupado.
-William, hijo mío. Creí que no podría despedirme de ti.-dijo, con la voz entrecortada y áspera.
-¿Pero qué dices, Papá? No exageres.
-Desde que naciste lo supe, has nacido para ser grande, hijo. Conseguirás lo que a mí no me ha dado tiempo a conseguir.
-¿De qué estás hablando?-le pregunté mientras me sentaba en una silla, a su lado.
-Estoy seguro de que ya has empezando a tener esos sueños.
Me asusté. Cuando pensaba en mi padre, era incapaz de verlo como alguien con razón, pero tampoco podía verlo como un loco. Era extraño, pero quizá mis paranoias y mis sueños extraños tendrían una explicación.
-Esos sueños son más que sueños, William.-dijo, justo antes de empezar a toser.-Para mí fue demasiado tarde, no pude controlarlo y los dolores de cabeza consiguieron acabar conmigo antes de encontrar una solución. Pero tú todavía tienes una oportunidad.
-Papá… ¿qué insinúas?
-Tienes un don, hijo. Moriré antes de saber donde están los límites de ese don, pero sé que está relacionado con la mente.
La tos le frenó.
-No puedes estar hablando en serio…-dije, con una media sonrisa.
-En estas condiciones me es imposible explicártelo, pero sé que sabes de lo que hablo.
Algunas de las máquinas comenzaron a pitar por allí, y mi padre apenas podía hablar.
-Hijo… tienes que ir hasta casa…-dijo mientras los médicos entraban con prisa y me pedían que saliese.-Allí… tendrás tus respuestas… ¡llega antes que ellos!-
Fue lo último que oí, ya que un médico me había sacado de la habitación.
-Lo siento, chico, pero ahora nos toca a nosotros.-
-Tengo que hablar con él.-dije serio.
-Lo siento, de verdad, pero haciéndole creer que sus paranoias son ciertas, sólo empeorará su estado. Es mejor que nos lo deje a nosotros.
-¡Cállese!-dije violentamente, y una extraña fuerza recorrió mi cuerpo.
Me calmé, y esa fuerza desapareció de repente. Sin saber que me había pasado, continué.
-Disculpe, tiene razón…-dije, yéndome rápidamente.
Estaba convencido. Algo extraño me pasaba y mi padre no estaba loco. Me dirigí rápidamente hacia casa de mi padre. Quizá entre los libros y los apuntes de mi padre, encontraría la respuesta.
A los pocos minutos llegué al hospital, esperaba que, a pesar de no ser horario de visitar, me dejaran ver a mi padre. Con una de las recepcionistas estaba hablando la enfermera que atendía a mi padre. Pasé sin mirar, para que no trataran de pararme, pero un brazo me agarró de hombro.
-Señor McCarthy, disculpe.-me dijo una de las enfermeras
-¿Sí?-dije, suponiendo que me pararía para decirme que no podía ver a mi padre.
-Por fin sabemos algo de usted. Le hemos estado llamando a todos los números que nos dio pero no contestó a ninguno.
Saqué el móvil y comprobé que estaba apagado. Sin batería, supuse. La verdad es que llevaba un tiempo descuidando demasiadas cosas. Tardé en reaccionar y en darme cuenta de que si querían llamarme era por algo importante.
-¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo está mi padre?-dije, preocupado.
-Ha empeorado.-dijo, fingiendo estar realmente preocupada por un ser humano que le ocupaba una habitación y que no tenía cura de ningún tipo.-Lo hemos intentado todo pero no parece que vaya a mejorar…
-Quiero verlo. Ahora.-dije, impositivo.
La enfermera se apartó a un lado sin decir nada.
Caminé rápidamente mirando a los números de las habitaciones y entré en la de mi padre. Y lo vi allí, postrado en cama, demacrado, arrugado, pero con esos ojos verdes penetrantes que yo había heredado. Su mirada tenía la fuerza que a él le faltaba.
-Papá…-dije, preocupado.
-William, hijo mío. Creí que no podría despedirme de ti.-dijo, con la voz entrecortada y áspera.
-¿Pero qué dices, Papá? No exageres.
-Desde que naciste lo supe, has nacido para ser grande, hijo. Conseguirás lo que a mí no me ha dado tiempo a conseguir.
-¿De qué estás hablando?-le pregunté mientras me sentaba en una silla, a su lado.
-Estoy seguro de que ya has empezando a tener esos sueños.
Me asusté. Cuando pensaba en mi padre, era incapaz de verlo como alguien con razón, pero tampoco podía verlo como un loco. Era extraño, pero quizá mis paranoias y mis sueños extraños tendrían una explicación.
-Esos sueños son más que sueños, William.-dijo, justo antes de empezar a toser.-Para mí fue demasiado tarde, no pude controlarlo y los dolores de cabeza consiguieron acabar conmigo antes de encontrar una solución. Pero tú todavía tienes una oportunidad.
-Papá… ¿qué insinúas?
-Tienes un don, hijo. Moriré antes de saber donde están los límites de ese don, pero sé que está relacionado con la mente.
La tos le frenó.
-No puedes estar hablando en serio…-dije, con una media sonrisa.
-En estas condiciones me es imposible explicártelo, pero sé que sabes de lo que hablo.
Algunas de las máquinas comenzaron a pitar por allí, y mi padre apenas podía hablar.
-Hijo… tienes que ir hasta casa…-dijo mientras los médicos entraban con prisa y me pedían que saliese.-Allí… tendrás tus respuestas… ¡llega antes que ellos!-
Fue lo último que oí, ya que un médico me había sacado de la habitación.
-Lo siento, chico, pero ahora nos toca a nosotros.-
-Tengo que hablar con él.-dije serio.
-Lo siento, de verdad, pero haciéndole creer que sus paranoias son ciertas, sólo empeorará su estado. Es mejor que nos lo deje a nosotros.
-¡Cállese!-dije violentamente, y una extraña fuerza recorrió mi cuerpo.
Me calmé, y esa fuerza desapareció de repente. Sin saber que me había pasado, continué.
-Disculpe, tiene razón…-dije, yéndome rápidamente.
Estaba convencido. Algo extraño me pasaba y mi padre no estaba loco. Me dirigí rápidamente hacia casa de mi padre. Quizá entre los libros y los apuntes de mi padre, encontraría la respuesta.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
