sábado, 25 de diciembre de 2010
domingo, 24 de octubre de 2010
Minions.
Ya seguiré subiendo los relatos de foro en el futuro, aunque los de "Héroes" ya se acabaron. Supongo que empezaría a subir los de "Resident Evil".
Pero hoy quería dedicar una entrada a los maravillosos seres que son los Minions. Este último viernes fui a ver "Gru, mi villano favorito" al cine, y aunque no es un peliculón made in Pixar, es un entretenimiento más que digno, donde las risas están aseguradas. Y sobre todo por los minions.
Aquí os dejo un trailer con una muestra de estos seres, y con alguna de las imágenes de las niñas, que también llenan la película:
Os la recomiendo!
P.D.: Ahora, con ganas de "Ga'hoole" y "La Red Social
Pero hoy quería dedicar una entrada a los maravillosos seres que son los Minions. Este último viernes fui a ver "Gru, mi villano favorito" al cine, y aunque no es un peliculón made in Pixar, es un entretenimiento más que digno, donde las risas están aseguradas. Y sobre todo por los minions.
Aquí os dejo un trailer con una muestra de estos seres, y con alguna de las imágenes de las niñas, que también llenan la película:
Os la recomiendo!
P.D.: Ahora, con ganas de "Ga'hoole" y "La Red Social
martes, 5 de octubre de 2010
Relatos del foro 2
Tardé un buen rato en volver por aquí, pero pondré la segunda parte de "Héroes". La segunda y última, ya que como en el foro la idea no cuajó, sólo pude escribir una más. Aunque sí que me gustaría terminarla algún día. Lástima que me obsesione con algo cada cierto tiempo.
Espero que os guste:
Espero que os guste:
Héroes 2
Después de unas horas, me di una ducha y me preparé para ir a hacerle una visita a mi padre. Estaba seguro de que le animaría hablar de sus locuras. Cuando me miré al espejo, vi la cara de un muerto, mis ojeras eran casi más grandes que mi cabeza, y estaba pálido. Me lavé la cara para acabar de despertarme y tras recoger lo necesario, salí al exterior.
A los pocos minutos llegué al hospital, esperaba que, a pesar de no ser horario de visitar, me dejaran ver a mi padre. Con una de las recepcionistas estaba hablando la enfermera que atendía a mi padre. Pasé sin mirar, para que no trataran de pararme, pero un brazo me agarró de hombro.
-Señor McCarthy, disculpe.-me dijo una de las enfermeras
-¿Sí?-dije, suponiendo que me pararía para decirme que no podía ver a mi padre.
-Por fin sabemos algo de usted. Le hemos estado llamando a todos los números que nos dio pero no contestó a ninguno.
Saqué el móvil y comprobé que estaba apagado. Sin batería, supuse. La verdad es que llevaba un tiempo descuidando demasiadas cosas. Tardé en reaccionar y en darme cuenta de que si querían llamarme era por algo importante.
-¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo está mi padre?-dije, preocupado.
-Ha empeorado.-dijo, fingiendo estar realmente preocupada por un ser humano que le ocupaba una habitación y que no tenía cura de ningún tipo.-Lo hemos intentado todo pero no parece que vaya a mejorar…
-Quiero verlo. Ahora.-dije, impositivo.
La enfermera se apartó a un lado sin decir nada.
Caminé rápidamente mirando a los números de las habitaciones y entré en la de mi padre. Y lo vi allí, postrado en cama, demacrado, arrugado, pero con esos ojos verdes penetrantes que yo había heredado. Su mirada tenía la fuerza que a él le faltaba.
-Papá…-dije, preocupado.
-William, hijo mío. Creí que no podría despedirme de ti.-dijo, con la voz entrecortada y áspera.
-¿Pero qué dices, Papá? No exageres.
-Desde que naciste lo supe, has nacido para ser grande, hijo. Conseguirás lo que a mí no me ha dado tiempo a conseguir.
-¿De qué estás hablando?-le pregunté mientras me sentaba en una silla, a su lado.
-Estoy seguro de que ya has empezando a tener esos sueños.
Me asusté. Cuando pensaba en mi padre, era incapaz de verlo como alguien con razón, pero tampoco podía verlo como un loco. Era extraño, pero quizá mis paranoias y mis sueños extraños tendrían una explicación.
-Esos sueños son más que sueños, William.-dijo, justo antes de empezar a toser.-Para mí fue demasiado tarde, no pude controlarlo y los dolores de cabeza consiguieron acabar conmigo antes de encontrar una solución. Pero tú todavía tienes una oportunidad.
-Papá… ¿qué insinúas?
-Tienes un don, hijo. Moriré antes de saber donde están los límites de ese don, pero sé que está relacionado con la mente.
La tos le frenó.
-No puedes estar hablando en serio…-dije, con una media sonrisa.
-En estas condiciones me es imposible explicártelo, pero sé que sabes de lo que hablo.
Algunas de las máquinas comenzaron a pitar por allí, y mi padre apenas podía hablar.
-Hijo… tienes que ir hasta casa…-dijo mientras los médicos entraban con prisa y me pedían que saliese.-Allí… tendrás tus respuestas… ¡llega antes que ellos!-
Fue lo último que oí, ya que un médico me había sacado de la habitación.
-Lo siento, chico, pero ahora nos toca a nosotros.-
-Tengo que hablar con él.-dije serio.
-Lo siento, de verdad, pero haciéndole creer que sus paranoias son ciertas, sólo empeorará su estado. Es mejor que nos lo deje a nosotros.
-¡Cállese!-dije violentamente, y una extraña fuerza recorrió mi cuerpo.
Me calmé, y esa fuerza desapareció de repente. Sin saber que me había pasado, continué.
-Disculpe, tiene razón…-dije, yéndome rápidamente.
Estaba convencido. Algo extraño me pasaba y mi padre no estaba loco. Me dirigí rápidamente hacia casa de mi padre. Quizá entre los libros y los apuntes de mi padre, encontraría la respuesta.
A los pocos minutos llegué al hospital, esperaba que, a pesar de no ser horario de visitar, me dejaran ver a mi padre. Con una de las recepcionistas estaba hablando la enfermera que atendía a mi padre. Pasé sin mirar, para que no trataran de pararme, pero un brazo me agarró de hombro.
-Señor McCarthy, disculpe.-me dijo una de las enfermeras
-¿Sí?-dije, suponiendo que me pararía para decirme que no podía ver a mi padre.
-Por fin sabemos algo de usted. Le hemos estado llamando a todos los números que nos dio pero no contestó a ninguno.
Saqué el móvil y comprobé que estaba apagado. Sin batería, supuse. La verdad es que llevaba un tiempo descuidando demasiadas cosas. Tardé en reaccionar y en darme cuenta de que si querían llamarme era por algo importante.
-¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo está mi padre?-dije, preocupado.
-Ha empeorado.-dijo, fingiendo estar realmente preocupada por un ser humano que le ocupaba una habitación y que no tenía cura de ningún tipo.-Lo hemos intentado todo pero no parece que vaya a mejorar…
-Quiero verlo. Ahora.-dije, impositivo.
La enfermera se apartó a un lado sin decir nada.
Caminé rápidamente mirando a los números de las habitaciones y entré en la de mi padre. Y lo vi allí, postrado en cama, demacrado, arrugado, pero con esos ojos verdes penetrantes que yo había heredado. Su mirada tenía la fuerza que a él le faltaba.
-Papá…-dije, preocupado.
-William, hijo mío. Creí que no podría despedirme de ti.-dijo, con la voz entrecortada y áspera.
-¿Pero qué dices, Papá? No exageres.
-Desde que naciste lo supe, has nacido para ser grande, hijo. Conseguirás lo que a mí no me ha dado tiempo a conseguir.
-¿De qué estás hablando?-le pregunté mientras me sentaba en una silla, a su lado.
-Estoy seguro de que ya has empezando a tener esos sueños.
Me asusté. Cuando pensaba en mi padre, era incapaz de verlo como alguien con razón, pero tampoco podía verlo como un loco. Era extraño, pero quizá mis paranoias y mis sueños extraños tendrían una explicación.
-Esos sueños son más que sueños, William.-dijo, justo antes de empezar a toser.-Para mí fue demasiado tarde, no pude controlarlo y los dolores de cabeza consiguieron acabar conmigo antes de encontrar una solución. Pero tú todavía tienes una oportunidad.
-Papá… ¿qué insinúas?
-Tienes un don, hijo. Moriré antes de saber donde están los límites de ese don, pero sé que está relacionado con la mente.
La tos le frenó.
-No puedes estar hablando en serio…-dije, con una media sonrisa.
-En estas condiciones me es imposible explicártelo, pero sé que sabes de lo que hablo.
Algunas de las máquinas comenzaron a pitar por allí, y mi padre apenas podía hablar.
-Hijo… tienes que ir hasta casa…-dijo mientras los médicos entraban con prisa y me pedían que saliese.-Allí… tendrás tus respuestas… ¡llega antes que ellos!-
Fue lo último que oí, ya que un médico me había sacado de la habitación.
-Lo siento, chico, pero ahora nos toca a nosotros.-
-Tengo que hablar con él.-dije serio.
-Lo siento, de verdad, pero haciéndole creer que sus paranoias son ciertas, sólo empeorará su estado. Es mejor que nos lo deje a nosotros.
-¡Cállese!-dije violentamente, y una extraña fuerza recorrió mi cuerpo.
Me calmé, y esa fuerza desapareció de repente. Sin saber que me había pasado, continué.
-Disculpe, tiene razón…-dije, yéndome rápidamente.
Estaba convencido. Algo extraño me pasaba y mi padre no estaba loco. Me dirigí rápidamente hacia casa de mi padre. Quizá entre los libros y los apuntes de mi padre, encontraría la respuesta.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Relatos del foro 1
Hace tiempo ya que apenas me paso por el foro que regentaba. Pero de vez en cuando acude a mí la nostalgia y tira de mí con sus bracitos, mirándome con carita triste, pidiéndome que vuelva.
Para mí esta semana es la semana Resident Evil. Este viernes se estrena la cuarta película: Resident Evil: Ultratumba. Así que tanto Li como yo la dedicamos a ver la trilogía y a jugar al Resident Evil 4 (el 5º ya lo terminamos entre los dos) porque yo nunca lo había jugado. Y eso me trajo recuerdos de cuando en No Name solíamos hacer un pseudo-rol narrativo que consistía en que cada uno llevara a un personaje y narrase todo lo que le ocurriese, sin tiradas, pero siendo conscientes de que alguna vez deberíamos fallar. Vamos, que sería una historia contada de forma "omnisciente", pero visto desde el punto de vista de cada uno de los personajes.
Y la verdad es que no había quedado tan mal, de hecho, llegamos a varias páginas en muy poco tiempo.
El caso es que llevaba tiempo sin pasarme por el foro, y en concreto ese tema llevaba parado muchísimo. Resulta que me tocaba a mí, pero por una cosa o por otra, no contesté. Y fue ayer, cuando al recordármelo, me metí en ese tema y me leí todo del tirón. De hecho, me acosté bastante tarde por culpa de eso. Pero el caso es que al final respondí.
Y entonces se me ocurrió una idea. Quería volver a escribir en este blog, y para volver hacerme al hábito, he decidido transcribir esos relatos (ya sean sólo los míos o los de todo el mundo) a este blog. Como hice no tan atrás, he utilizado este blog más de una vez para relatos propios. En su momento la transcripción de la partida de rol donde llevaba a Lázaro. Y más tarde, sobre unos personajes en un mundo vampírico.
Así, si alguien le interesaba leerlo pero era mucho de golpe, puede dosificarlos siguiendo mi blog.
Antes de nada, deciros que a partir de esa "partida" sobre el Resident Evil, me surgió otra idea: hacer otra partida sobre gente que empezaba a descubrir unos extraños poderes en ellos que no acababan de entender. Tenía ideas para un personaje, y decidí que se hiciera en conjunto. Pero no cuajó, yo llegué a escribir dos entradas y mi amigo Surah una. Y nunca más se supo. El caso es que me había gustado cómo me había quedado, así que empezaré por la transcripción de Héroes, más que nada por haber sólo dos entradas.
Espero que os gusten las historias que surgieron en su momento en el foro. En cuanto a la forma de escribir, he evolucionado un poco, pero tampoco me avergüenzo de como escribía antes. Antes de nada, disculpadme la tocho-entrada junto con el tocho-texto. Ahí os va:
Para mí esta semana es la semana Resident Evil. Este viernes se estrena la cuarta película: Resident Evil: Ultratumba. Así que tanto Li como yo la dedicamos a ver la trilogía y a jugar al Resident Evil 4 (el 5º ya lo terminamos entre los dos) porque yo nunca lo había jugado. Y eso me trajo recuerdos de cuando en No Name solíamos hacer un pseudo-rol narrativo que consistía en que cada uno llevara a un personaje y narrase todo lo que le ocurriese, sin tiradas, pero siendo conscientes de que alguna vez deberíamos fallar. Vamos, que sería una historia contada de forma "omnisciente", pero visto desde el punto de vista de cada uno de los personajes.
Y la verdad es que no había quedado tan mal, de hecho, llegamos a varias páginas en muy poco tiempo.
El caso es que llevaba tiempo sin pasarme por el foro, y en concreto ese tema llevaba parado muchísimo. Resulta que me tocaba a mí, pero por una cosa o por otra, no contesté. Y fue ayer, cuando al recordármelo, me metí en ese tema y me leí todo del tirón. De hecho, me acosté bastante tarde por culpa de eso. Pero el caso es que al final respondí.
Y entonces se me ocurrió una idea. Quería volver a escribir en este blog, y para volver hacerme al hábito, he decidido transcribir esos relatos (ya sean sólo los míos o los de todo el mundo) a este blog. Como hice no tan atrás, he utilizado este blog más de una vez para relatos propios. En su momento la transcripción de la partida de rol donde llevaba a Lázaro. Y más tarde, sobre unos personajes en un mundo vampírico.
Así, si alguien le interesaba leerlo pero era mucho de golpe, puede dosificarlos siguiendo mi blog.
Antes de nada, deciros que a partir de esa "partida" sobre el Resident Evil, me surgió otra idea: hacer otra partida sobre gente que empezaba a descubrir unos extraños poderes en ellos que no acababan de entender. Tenía ideas para un personaje, y decidí que se hiciera en conjunto. Pero no cuajó, yo llegué a escribir dos entradas y mi amigo Surah una. Y nunca más se supo. El caso es que me había gustado cómo me había quedado, así que empezaré por la transcripción de Héroes, más que nada por haber sólo dos entradas.
Espero que os gusten las historias que surgieron en su momento en el foro. En cuanto a la forma de escribir, he evolucionado un poco, pero tampoco me avergüenzo de como escribía antes. Antes de nada, disculpadme la tocho-entrada junto con el tocho-texto. Ahí os va:
Héroes 1
Caminaba por la calle. Todo estaba borroso y se difuminaba allá a donde mirase. Era una sensación extraña, pero eso no impedía que mi cerebro pensase que estaba ante la más absoluta realidad. Llovía y hacía viento. Y yo estaba allí, en una de las aceras. Me veía desde lo alto de los edificios, como si no estuviese dentro de mi propio cuerpo, pero sentía que yo era ese pringado de la capucha y de los vaqueros. Mi mente viajaba a través del viento por toda la zona, mientras todo a su alrededor se movía con total normalidad. Mi cuerpo comenzaba a cruzar la carretera sin mirar y mi mente volaba como una bala hacia mi cuerpo, como tratando de advertirle de algo.
En pocos segundos, mi cabeza y mi cuerpo se fusionaron en uno solo y todo lo que vi es como un camión llegaba a toda velocidad hacia mí. Su claxon y el freno tocaban la última canción que yo iba a oír, poco antes de que aquella masa de hierros se alimentase de mí. Pero ocurrió algo que nadie esperaba ni se podría esperar. El camión se paró, la parte de atrás dio un salto y el morro se hundió hacia dentro. La palma de mi mano estaba a unos pocos centímetros de la abolladura. Ni siquiera lo había tocado. Algún tipo de extraña fuerza había salido de mi mano y había conseguido chocar contra el camión y pararlo en seco.
Mi mente volvió a salirse de mi cuerpo, dejándome ver mi propio rostro, un rostro sorprendido, un rostro asustado, un rostro con muchas dudas. Mi menté comenzó a subir al cielo a toda velocidad. Sentía el viento, sentía la lluvia, sentía dolor, sentía angustia.
De repente, me desperté en un sobresalto. Mis manos fueron rápidamente hacia mi cabeza. Notaba como si unas agujas estuvieran clavadas en mi cerebro, como si algún tipo de ser se hubiera introducido en mi cabeza y la estuviera golpeando desde dentro. Poco a poco el dolor fue disminuyendo hasta casi desaparecer, aunque sabía que volvería. Rara era la noche en la que lograba dormir más de una hora. Y de dormir, lo raro era no tener esos extraños sueños. Normalmente se trataba de situaciones cotidianas sin la más mínima importancia, una conversación, un paseo, una cafetería, una chica. A veces ni siquiera yo protagonizaba el sueño, incluso en algunos ni salía.
En algunos momentos había relacionado la sensación de déjà vu con esos sueños, llegando a casi creerme que podía tener sueños premonitorios. Pero luego volvía a la realidad, a mi puta oficina, a la mierda de silla del ordenador, al hospital que olía a muerto donde los médicos me aconsejaban meter a mi padre en un psiquiátrico debido a las continuas paranoias, a la casa de mi puta madre o a la cafetería a la que solía ir para sentirme una persona normal, para que la gente que me viese no pensase en el fracasado y gilipollas del traje de imitación y que le lame el culo al jefe para poder comer y al que no le chupa la polla porque todavía no se lo ha pedido.
Me levanté y busqué por la cocina las pastillas para el dolor de cabeza. El médico me las había recetado después de no escuchar mis síntomas, y yo lo seguía viendo como un profesional decente y no como la basura que era. Después de tomarlas, me tiré en el sillón con un paquete de patatas fritas y encendí la tele. No sabía ni qué hora era, pero al menos las voces de la pantalla acallarían mis pensamientos. Tras ver que eran las cinco de la mañana en el reloj del DVD, mis ojos se fueron al calendario que colgaba de la pared donde se apoyaba la televisión. Diecisiete de Febrero. Hacía un año que uno de los pocos a los que podía llamar amigo se había muerto. Me entristecí lo justo entre patata y patata y luego seguí mirando la tele.
A pesar de que estaba acostumbrado a los extraños sueños, necesitaba hablar con alguien del último, ya que había conseguido hacerse un pequeño hueco en mi cabeza, como si hubiera sido el sprint final de todas las cosas extrañas que me rodeaban. Pensé en mis amigos, hacía tiempo que no salía a tomar algo con ellos, pero de uno no sabía nada ni respondía a mis llamadas, otro descansaba en paz y el otro era demasiado hijo de puta como para querer saber de él. En cuanto a mi novia, follaba más que yo. Y si de algo me sentía orgulloso, era de que sus tetas eran más grandes que su cerebro, en todos los sentidos, pero no era lo que necesitaba ahora. Podría hablarlo con mi madre, pero no necesitaba oír sus repetidos “Eres y serás siempre un fracasado” y “Suicídate y nos harás un favor a todos”, que ya me decía incluso cuando trataba de aprender a caminar. Sólo quedaba mi padre.
Mi padre era especial. Siempre había sido muy exagerado y extravagante. La palabra “loco” visitaba muchas veces la mente de las personas que hablaban con él. Sin embargo, seguía siendo considerado como una persona normal, pero esto cambió. Nunca supe si había decidido guardarlo como secreto cuando yo nací o que fue algo que empezó después de mi nacimiento, pero si algo tengo por seguro es que se obsesionó. Comenzó a decir que tenía poderes, a rodearse de libros extraños y a grabar todo lo que iba descubriendo o lo que le iba pasando. Cuando comencé a interesarme por él y por los estudios, cayó enfermo. Mi madre lo abandonó y yo tuve que encargarme de él. Los médicos decían que tenía algún tipo de enfermedad neurológica, pero que era un caso extraño con el que jamás habían tratado. Desde ese momento, la vida de mi padre se dividía en dos partes: la parte que pasaba en su casa y la que pasaba en el hospital. Algunos días atrás lo había ido a visitar, y los médicos decían que sus desvaríos iban en aumento y que sería mejor llevarlo a un psiquiátrico, ya que ellos poco más podían hacer por él, aunque mi dinero y mis opiniones no estuviesen de acuerdo.
Sin embargo, si iba a hablar con mi padre era para tener las respuestas que quería. Conocía perfectamente que clase de contestaciones iba a tener, y que sus consejos y sus advertencias no serían las de una persona normal. Pero aún así, mi cabeza buscaba convencerse a sí misma, buscaba a que alguien de fuera me confirmase que lo que me pasaba ya le había pasado a alguien. Buscaba sentirme normal. Algo curioso, por otra parte, por querer preguntarle a un loco si yo estaba loco.
En pocos segundos, mi cabeza y mi cuerpo se fusionaron en uno solo y todo lo que vi es como un camión llegaba a toda velocidad hacia mí. Su claxon y el freno tocaban la última canción que yo iba a oír, poco antes de que aquella masa de hierros se alimentase de mí. Pero ocurrió algo que nadie esperaba ni se podría esperar. El camión se paró, la parte de atrás dio un salto y el morro se hundió hacia dentro. La palma de mi mano estaba a unos pocos centímetros de la abolladura. Ni siquiera lo había tocado. Algún tipo de extraña fuerza había salido de mi mano y había conseguido chocar contra el camión y pararlo en seco.
Mi mente volvió a salirse de mi cuerpo, dejándome ver mi propio rostro, un rostro sorprendido, un rostro asustado, un rostro con muchas dudas. Mi menté comenzó a subir al cielo a toda velocidad. Sentía el viento, sentía la lluvia, sentía dolor, sentía angustia.
De repente, me desperté en un sobresalto. Mis manos fueron rápidamente hacia mi cabeza. Notaba como si unas agujas estuvieran clavadas en mi cerebro, como si algún tipo de ser se hubiera introducido en mi cabeza y la estuviera golpeando desde dentro. Poco a poco el dolor fue disminuyendo hasta casi desaparecer, aunque sabía que volvería. Rara era la noche en la que lograba dormir más de una hora. Y de dormir, lo raro era no tener esos extraños sueños. Normalmente se trataba de situaciones cotidianas sin la más mínima importancia, una conversación, un paseo, una cafetería, una chica. A veces ni siquiera yo protagonizaba el sueño, incluso en algunos ni salía.
En algunos momentos había relacionado la sensación de déjà vu con esos sueños, llegando a casi creerme que podía tener sueños premonitorios. Pero luego volvía a la realidad, a mi puta oficina, a la mierda de silla del ordenador, al hospital que olía a muerto donde los médicos me aconsejaban meter a mi padre en un psiquiátrico debido a las continuas paranoias, a la casa de mi puta madre o a la cafetería a la que solía ir para sentirme una persona normal, para que la gente que me viese no pensase en el fracasado y gilipollas del traje de imitación y que le lame el culo al jefe para poder comer y al que no le chupa la polla porque todavía no se lo ha pedido.
Me levanté y busqué por la cocina las pastillas para el dolor de cabeza. El médico me las había recetado después de no escuchar mis síntomas, y yo lo seguía viendo como un profesional decente y no como la basura que era. Después de tomarlas, me tiré en el sillón con un paquete de patatas fritas y encendí la tele. No sabía ni qué hora era, pero al menos las voces de la pantalla acallarían mis pensamientos. Tras ver que eran las cinco de la mañana en el reloj del DVD, mis ojos se fueron al calendario que colgaba de la pared donde se apoyaba la televisión. Diecisiete de Febrero. Hacía un año que uno de los pocos a los que podía llamar amigo se había muerto. Me entristecí lo justo entre patata y patata y luego seguí mirando la tele.
A pesar de que estaba acostumbrado a los extraños sueños, necesitaba hablar con alguien del último, ya que había conseguido hacerse un pequeño hueco en mi cabeza, como si hubiera sido el sprint final de todas las cosas extrañas que me rodeaban. Pensé en mis amigos, hacía tiempo que no salía a tomar algo con ellos, pero de uno no sabía nada ni respondía a mis llamadas, otro descansaba en paz y el otro era demasiado hijo de puta como para querer saber de él. En cuanto a mi novia, follaba más que yo. Y si de algo me sentía orgulloso, era de que sus tetas eran más grandes que su cerebro, en todos los sentidos, pero no era lo que necesitaba ahora. Podría hablarlo con mi madre, pero no necesitaba oír sus repetidos “Eres y serás siempre un fracasado” y “Suicídate y nos harás un favor a todos”, que ya me decía incluso cuando trataba de aprender a caminar. Sólo quedaba mi padre.
Mi padre era especial. Siempre había sido muy exagerado y extravagante. La palabra “loco” visitaba muchas veces la mente de las personas que hablaban con él. Sin embargo, seguía siendo considerado como una persona normal, pero esto cambió. Nunca supe si había decidido guardarlo como secreto cuando yo nací o que fue algo que empezó después de mi nacimiento, pero si algo tengo por seguro es que se obsesionó. Comenzó a decir que tenía poderes, a rodearse de libros extraños y a grabar todo lo que iba descubriendo o lo que le iba pasando. Cuando comencé a interesarme por él y por los estudios, cayó enfermo. Mi madre lo abandonó y yo tuve que encargarme de él. Los médicos decían que tenía algún tipo de enfermedad neurológica, pero que era un caso extraño con el que jamás habían tratado. Desde ese momento, la vida de mi padre se dividía en dos partes: la parte que pasaba en su casa y la que pasaba en el hospital. Algunos días atrás lo había ido a visitar, y los médicos decían que sus desvaríos iban en aumento y que sería mejor llevarlo a un psiquiátrico, ya que ellos poco más podían hacer por él, aunque mi dinero y mis opiniones no estuviesen de acuerdo.
Sin embargo, si iba a hablar con mi padre era para tener las respuestas que quería. Conocía perfectamente que clase de contestaciones iba a tener, y que sus consejos y sus advertencias no serían las de una persona normal. Pero aún así, mi cabeza buscaba convencerse a sí misma, buscaba a que alguien de fuera me confirmase que lo que me pasaba ya le había pasado a alguien. Buscaba sentirme normal. Algo curioso, por otra parte, por querer preguntarle a un loco si yo estaba loco.
jueves, 2 de septiembre de 2010
Pues no, no me pasé más.
Pero tampoco quería cerrarlo por si me pasaba alguna vez más. No soy muy de contar mis cosas a diario, pero como espero empezar pronto una partida que llevo preparando meses y quiero transcribirla. Espero hacerlo y lo subiré aquí. Aunque... ¡quién sabe!
No continué con la historia de Airath por lo que dije antes, estaba ocupado con otras cosas. Sigo teniendo libros pendientes, videojuegos pendientes... pronto empezaré el tercer año y último de Publicidad...
Y a lo que me he dedicado estos últimos meses ha sido a preparar una partida de rol tipo thriller. Me ha llevado mucho, y le he puesto mucho esfuerzo, y por primera vez no he dejado de lado un proyecto, incluso viendo que ha habido una baja de un jugador.
Y espero, con todas mis ganas, que todo salga bien :D
Nos vemos, más tarde o más temprano.
Pero tampoco quería cerrarlo por si me pasaba alguna vez más. No soy muy de contar mis cosas a diario, pero como espero empezar pronto una partida que llevo preparando meses y quiero transcribirla. Espero hacerlo y lo subiré aquí. Aunque... ¡quién sabe!
No continué con la historia de Airath por lo que dije antes, estaba ocupado con otras cosas. Sigo teniendo libros pendientes, videojuegos pendientes... pronto empezaré el tercer año y último de Publicidad...
Y a lo que me he dedicado estos últimos meses ha sido a preparar una partida de rol tipo thriller. Me ha llevado mucho, y le he puesto mucho esfuerzo, y por primera vez no he dejado de lado un proyecto, incluso viendo que ha habido una baja de un jugador.
Y espero, con todas mis ganas, que todo salga bien :D
Nos vemos, más tarde o más temprano.
martes, 9 de febrero de 2010
Desde luego, lo mío no es normal!!
Me propuse a mí mismo escribir una historia sobre vampiros y por mi cabeza se pasaron multitud de ideas. De hecho, ya había empezado a escribir el tercer capítulo sobre "William", pero se acercaron los exámenes y quedé enganchado a un fantástico libro (gracias Caro), llamado "Apocalipsis Z" y, entre eso, y la multitud de títulos videojueguiles que salieron, me estanqué.
Me gustaría volver en algún momento, pero no ahora, que tengo la cabeza a otras cosas.
Desde aquí os pido disculpas, e intentaré actualizar más a menudo el blog, ya que el "fotohoo" lo dejé de lado debido a que ahora ya no le funciona el goear.
A ver si es verdad... :P xD
Me propuse a mí mismo escribir una historia sobre vampiros y por mi cabeza se pasaron multitud de ideas. De hecho, ya había empezado a escribir el tercer capítulo sobre "William", pero se acercaron los exámenes y quedé enganchado a un fantástico libro (gracias Caro), llamado "Apocalipsis Z" y, entre eso, y la multitud de títulos videojueguiles que salieron, me estanqué.
Me gustaría volver en algún momento, pero no ahora, que tengo la cabeza a otras cosas.
Desde aquí os pido disculpas, e intentaré actualizar más a menudo el blog, ya que el "fotohoo" lo dejé de lado debido a que ahora ya no le funciona el goear.
A ver si es verdad... :P xD
jueves, 3 de diciembre de 2009
Sophie 1
Como dije, este capítulo no continúa directamente lo que ocurría en el anterior, sino que cuenta otra cosa relacionada con la historia. Sé que es confuso, pero pensé en diseñar la historia así y espero que os guste y que la vayais uniendo en vuestra cabeza. O que al menos disfruteis con los relatos.
Os presento a Sophie.
“Desde que era pequeñita, siempre me encantaron los libros, siempre me apasionó el conocimiento y mi sed por él era insaciable. Todos los problemas en los que solía meterme eran causados por mi naturaleza curiosa.
Durante mi estancia en la adolescencia, estuve sola. No confiaba en nadie y todos me resultaban seres patéticos e insustanciales, animales cuya única meta era el reconocimiento popular y experiencias carnales, carentes de importancia real. Mi acompañante era la literatura, tras la que me escondía, y la única que realmente me apoyaba. Aquellos estúpidos sobre hormonados se burlaban de mí, de mi aspecto retraído, siempre con mis gafas y mi larga melena negra, recogida con un coletero. Y mi ropa, extraña a sus ojos, pero normal para mí.
Fue la curiosidad la que acabó con mi vida, a los 21 años.
Tampoco tenía amigos por aquel entonces. Cursaba la carrera de Filosofía, llenándome de más y más preguntas, lo que alimentaba todavía más mi sed de conocimiento. Tras un largo día, después de varias horas de clase, tocaba volver a casa de noche, un viernes, algo que odiaba, ya que era el momento en el que las ratas salían de sus inmundos agujeros y se juntaban para sus ritos de apareamiento, siempre acompañados con alcohol y alucinógenos, siendo yo quien tenía que aguantar sus ignorantes comentarios. Tratando de evitarlo, me introduje por las oscuras callejuelas.
Siempre me pregunté qué habría sido de mi vida si aquella noche hubiera decidido ignorar los comentarios y seguir por el camino de siempre.
Crucé por los callejones vacíos y fue entonces cuando escuché aquello:
-Qué sabrás tú de la vida, si nunca has vivido de verdad…-dijo una voz serena y melódica. En el momento en que escuché esa frase, mi curiosidad se apoderó de mí y me asomé al callejón, intentando no llamar la atención. Vi a dos hombres. Uno vestido de forma muy elegante y tradicional, sosteniendo un bonito bastón, con piel muy pálida y una larga melena rubia recogida en un ornamentado broche. Este cogía al otro por la pechera, levantándolo del suelo como si no pesara nada. El aspecto de este último era demasiado común.
-Pero… por favor, ¡no quiero morir!-contestó, con lágrimas en los ojos.
-Nadie en este mundo escoge su muerte, humano.-dijo, llamando aún más mi atención.-Incluso los suicidas carecen de dicha libertad, ya que su muerte no la provocan ellos, sino las circunstancias que han sabido sobrepasar las defensas del valor para vivir y han acabado con ellos como un asesino acaba con su presa.-
El hombre rubio había conseguido fascinarme como nadie nunca había podido en toda mi vida. Cada sílaba que su voz emitía me aceleraba más y más el corazón, y su aspecto, andrógino pero muy varonil, recordaba a la de los antiguos caballeros, aunque también a los relatos que hablaban sobre el mito del vampiro. Y mi curiosidad por saber quien era o qué era demasiado grande.
-Quiero vivir…-dijo sollozando.
El hombre elegante lo soltó y lo dejó caer al suelo, mirándolo serio. La mirada del otro se iluminó, viéndose por fin libre. Recordando a sus hijos más que nunca, dispuesto a estar más con ellos y aprovechar mejor el tiempo con la gente que quería. Sonrió, y por primera vez en mucho tiempo fue la persona más feliz del mundo.
-¡Cuán delicioso es devolver la esperanza a un pobre mortal… para luego aniquilarla con tantísima facilidad!-recitó casi gritando el hombre rubio mientras desenvainaba una espada que permanecía oculta dentro del bastón y cortaba la cabeza del mortal con un rápido movimiento.
La cabeza rodó por el suelo, dejando un rostro de completa desesperación. La sangre salió despedida del pescuezo yendo a parar a la cara y parte del traje del asesino. Su risa resonó por todo el callejón. Era la risa de un loco, desencajada y con fuertes agudos, en contraste con su aspecto elegante y serio.
Aunque acababa de ver algo terrible no me asusté en ningún momento, ni sentí pena. El hombre que acababa de morir no me importaba lo más mínimo. Y mi fascinación por ese hombre rubio, que acababa de mostrar una faceta totalmente descontrolada aumentaba. Su risa se silenció y se tornó serio de repente.
-Sé que estás ahí, niña.-dijo el hombre.
Mi corazón dio un vuelco. Me había descubierto, incluso era posible que ya supiera que había estado ahí desde el principio. Pero no tenía miedo, y salí de mi escondite. Miré al suelo, tímida y avergonzada.
-Ven. Acércate, no voy a hacerte daño.-dijo él, mientras sacaba un trapo de uno de sus bolsillos y limpiaba la espada con la que acaba de matar. Y aunque sus palabras sonaban contradictorias, yo me lo creí.
Cuando llegué hasta él, subí mis ojos hasta encontrarme con los suyos por primera vez. No sabría explicar con palabras lo que sentí en ese momento, pero su mirada había penetrado en mi cuerpo, quitándome toda la fuerza y a la vez llenándome de ella. Nunca había sentido nada por nadie, y en ese momento todos y cada uno de mis sentimientos se elevaron a un nivel superior. Todo esto era la sensación que su mirada me provocaba, como si se tratase de un hechizo, aunque realmente no lo era. En ese momento supe con seguridad que aquel hombre no era humano.
-Mi nombre es Joseph Von Horst.-dijo, besando mi mano, y haciéndome temblar con solo rozar sus labios con mi piel.
-Yo… yo… yo… soy So… Sophie.-dije, entrecortadamente.
-Soy un psicópata. Soy un vampiro. Fui un humano psicópata y ahora soy un vampiro psicópata.
La palabra “vampiro” resonó en mi cabeza. Deseaba respuestas. Deseaba permanecer toda la eternidad a su lado.
-Has estado ahí desde el principio y no has corrido, no has llorado, no has gritado. ¿No tienes miedo?
-No.-dije, seria y convencida.-Lo único que me importa en esta vida es satisfacer mi curiosidad, encontrando respuestas a todo cuanto se me plantea. No me importa nada más, ni la gente… ni siquiera yo misma.
Joseph sonrió.
-La vida es demasiado corta como para conseguir todas las respuestas.
-Daría lo que fuera por tener el tiempo suficiente para conseguirlas…-le contesté.
Continuamos hablando un rato más y me ofreció acompañarle. Me ofreció una vida inmortal, a su lado. Lo acepté sin dudarlo.
Durante años me enseñó a ser una vampiresa. Me entrenó en el noble arte de la espada. Me consiguió contactos, me habló sobre la realeza de los vampiros y me trajo hasta aquí, a la organización, a la que pertenecía y a la que me uní yo también. Pero después de aquello… la organización se dividió en dos, los tradicionales vampiros y nosotros, los más jóvenes, con ideas distintas. Nos habíamos distanciado bastante y eso nos separó... para siempre. Él se fue, y yo me quedé con la nueva organización. He cambiado bastante desde aquello… y no sólo por mi forma de vestir o mi color rojo en el pelo, sino también en mi forma de ser y en mis objetivos a corto plazo, más en común con las de la organización.”
-Y por lo que me cuentas… también has cambiado en algo más.-dijo Airath con su voz ronca.
-¿Ah, sí? ¿En que más?-preguntó Sophie, curiosa, como cuando era humana.
-Pues que ahora estás buena.
Os presento a Sophie.
Sophie 1
“Desde que era pequeñita, siempre me encantaron los libros, siempre me apasionó el conocimiento y mi sed por él era insaciable. Todos los problemas en los que solía meterme eran causados por mi naturaleza curiosa.
Durante mi estancia en la adolescencia, estuve sola. No confiaba en nadie y todos me resultaban seres patéticos e insustanciales, animales cuya única meta era el reconocimiento popular y experiencias carnales, carentes de importancia real. Mi acompañante era la literatura, tras la que me escondía, y la única que realmente me apoyaba. Aquellos estúpidos sobre hormonados se burlaban de mí, de mi aspecto retraído, siempre con mis gafas y mi larga melena negra, recogida con un coletero. Y mi ropa, extraña a sus ojos, pero normal para mí.
Fue la curiosidad la que acabó con mi vida, a los 21 años.
Tampoco tenía amigos por aquel entonces. Cursaba la carrera de Filosofía, llenándome de más y más preguntas, lo que alimentaba todavía más mi sed de conocimiento. Tras un largo día, después de varias horas de clase, tocaba volver a casa de noche, un viernes, algo que odiaba, ya que era el momento en el que las ratas salían de sus inmundos agujeros y se juntaban para sus ritos de apareamiento, siempre acompañados con alcohol y alucinógenos, siendo yo quien tenía que aguantar sus ignorantes comentarios. Tratando de evitarlo, me introduje por las oscuras callejuelas.
Siempre me pregunté qué habría sido de mi vida si aquella noche hubiera decidido ignorar los comentarios y seguir por el camino de siempre.
Crucé por los callejones vacíos y fue entonces cuando escuché aquello:
-Qué sabrás tú de la vida, si nunca has vivido de verdad…-dijo una voz serena y melódica. En el momento en que escuché esa frase, mi curiosidad se apoderó de mí y me asomé al callejón, intentando no llamar la atención. Vi a dos hombres. Uno vestido de forma muy elegante y tradicional, sosteniendo un bonito bastón, con piel muy pálida y una larga melena rubia recogida en un ornamentado broche. Este cogía al otro por la pechera, levantándolo del suelo como si no pesara nada. El aspecto de este último era demasiado común.
-Pero… por favor, ¡no quiero morir!-contestó, con lágrimas en los ojos.
-Nadie en este mundo escoge su muerte, humano.-dijo, llamando aún más mi atención.-Incluso los suicidas carecen de dicha libertad, ya que su muerte no la provocan ellos, sino las circunstancias que han sabido sobrepasar las defensas del valor para vivir y han acabado con ellos como un asesino acaba con su presa.-
El hombre rubio había conseguido fascinarme como nadie nunca había podido en toda mi vida. Cada sílaba que su voz emitía me aceleraba más y más el corazón, y su aspecto, andrógino pero muy varonil, recordaba a la de los antiguos caballeros, aunque también a los relatos que hablaban sobre el mito del vampiro. Y mi curiosidad por saber quien era o qué era demasiado grande.
-Quiero vivir…-dijo sollozando.
El hombre elegante lo soltó y lo dejó caer al suelo, mirándolo serio. La mirada del otro se iluminó, viéndose por fin libre. Recordando a sus hijos más que nunca, dispuesto a estar más con ellos y aprovechar mejor el tiempo con la gente que quería. Sonrió, y por primera vez en mucho tiempo fue la persona más feliz del mundo.
-¡Cuán delicioso es devolver la esperanza a un pobre mortal… para luego aniquilarla con tantísima facilidad!-recitó casi gritando el hombre rubio mientras desenvainaba una espada que permanecía oculta dentro del bastón y cortaba la cabeza del mortal con un rápido movimiento.
La cabeza rodó por el suelo, dejando un rostro de completa desesperación. La sangre salió despedida del pescuezo yendo a parar a la cara y parte del traje del asesino. Su risa resonó por todo el callejón. Era la risa de un loco, desencajada y con fuertes agudos, en contraste con su aspecto elegante y serio.
Aunque acababa de ver algo terrible no me asusté en ningún momento, ni sentí pena. El hombre que acababa de morir no me importaba lo más mínimo. Y mi fascinación por ese hombre rubio, que acababa de mostrar una faceta totalmente descontrolada aumentaba. Su risa se silenció y se tornó serio de repente.
-Sé que estás ahí, niña.-dijo el hombre.
Mi corazón dio un vuelco. Me había descubierto, incluso era posible que ya supiera que había estado ahí desde el principio. Pero no tenía miedo, y salí de mi escondite. Miré al suelo, tímida y avergonzada.
-Ven. Acércate, no voy a hacerte daño.-dijo él, mientras sacaba un trapo de uno de sus bolsillos y limpiaba la espada con la que acaba de matar. Y aunque sus palabras sonaban contradictorias, yo me lo creí.
Cuando llegué hasta él, subí mis ojos hasta encontrarme con los suyos por primera vez. No sabría explicar con palabras lo que sentí en ese momento, pero su mirada había penetrado en mi cuerpo, quitándome toda la fuerza y a la vez llenándome de ella. Nunca había sentido nada por nadie, y en ese momento todos y cada uno de mis sentimientos se elevaron a un nivel superior. Todo esto era la sensación que su mirada me provocaba, como si se tratase de un hechizo, aunque realmente no lo era. En ese momento supe con seguridad que aquel hombre no era humano.
-Mi nombre es Joseph Von Horst.-dijo, besando mi mano, y haciéndome temblar con solo rozar sus labios con mi piel.
-Yo… yo… yo… soy So… Sophie.-dije, entrecortadamente.
-Soy un psicópata. Soy un vampiro. Fui un humano psicópata y ahora soy un vampiro psicópata.
La palabra “vampiro” resonó en mi cabeza. Deseaba respuestas. Deseaba permanecer toda la eternidad a su lado.
-Has estado ahí desde el principio y no has corrido, no has llorado, no has gritado. ¿No tienes miedo?
-No.-dije, seria y convencida.-Lo único que me importa en esta vida es satisfacer mi curiosidad, encontrando respuestas a todo cuanto se me plantea. No me importa nada más, ni la gente… ni siquiera yo misma.
Joseph sonrió.
-La vida es demasiado corta como para conseguir todas las respuestas.
-Daría lo que fuera por tener el tiempo suficiente para conseguirlas…-le contesté.
Continuamos hablando un rato más y me ofreció acompañarle. Me ofreció una vida inmortal, a su lado. Lo acepté sin dudarlo.
Durante años me enseñó a ser una vampiresa. Me entrenó en el noble arte de la espada. Me consiguió contactos, me habló sobre la realeza de los vampiros y me trajo hasta aquí, a la organización, a la que pertenecía y a la que me uní yo también. Pero después de aquello… la organización se dividió en dos, los tradicionales vampiros y nosotros, los más jóvenes, con ideas distintas. Nos habíamos distanciado bastante y eso nos separó... para siempre. Él se fue, y yo me quedé con la nueva organización. He cambiado bastante desde aquello… y no sólo por mi forma de vestir o mi color rojo en el pelo, sino también en mi forma de ser y en mis objetivos a corto plazo, más en común con las de la organización.”
-Y por lo que me cuentas… también has cambiado en algo más.-dijo Airath con su voz ronca.
-¿Ah, sí? ¿En que más?-preguntó Sophie, curiosa, como cuando era humana.
-Pues que ahora estás buena.
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