martes, 5 de febrero de 2008

Lázaro 3

Me quedó más largo de lo que me esperaba. Hoy no tenía mucha musa, pero me apetecía escribirlo. Siento si cambié algo (inconscientemente, claro) o si me olvidé de poner alguna cosa que os parece importante. Así como espero que no os desagrade mucho, ya que creo que este me quedó un poco peor que los otros dos.

Aquí tenéis:



Pasaron unos segundos de tensión, mientras mi mirada se dirigía intermitentemente hacia los dos vástagos. A cada segundo que pasaba, me daba cuenta de que la ira y la confusión habían nublado mi raciocinio. Pero debería pagar por mi error, y estaba dispuesto a darlo todo en un combate si fuera necesario.

-¿Quieres quitarte de en medio? Estamos en una pelea que no te incumbe.-me dijo el cainita que estaba de pie, el, según mi sire, supuesto asesino al que debía matar. Pero tenía razón, me había metido donde no me llaman.

-Tienes razón. No es propio de mí interrumpir una pelea personal.

-Pues eso, vete.-me respondió, aprovechándose de que yo había errado para sentirse superior. Le dediqué una mirada seria y le dije:

-Sí, pero vence en esta pelea. Seré yo el que te mate.

Tras eso, guardé mis espadas, que volvieron a quedar ocultas en las mangas de mi túnica, y me apoyé en una pared. Observaría la pelea, y cuando esta terminara, lo mataría.

El combate a espada entre los dos vástagos era muy igualado. Rara vez alguno dejaba algún hueco a su rival, salvo en contadas excepciones, en las que ambos se aprovechaban y atacaban con todo lo que tenían. La verdad es que era una lucha digna de ver y muy apasionante. Ambos guerreros con una férrea determinación y diestros con la espada. Sin duda alguna, iba a disfrutar mucho matando a ese hijo de la gran puta.

De repente, ambos se pararon y se miraron. Comenzaron a hablar de algo que parecía importante pero que yo no entendía, así que no les hice caso. El cainita vestido de negro aprovechó el despiste para hacer surgir de las sombras unos tentáculos, que inmovilizaron inmediatamente a su rival y lo golpearon contra la pared. Su rival, tras explicarle algo que tenía que ver con su conversación, se creció y se libró de los tentáculos con sorprendente facilidad, para, acto seguido, clavar su espada en el pecho del cainita de negro. Lo levantó en el aire y lo clavó en la pared.

No podía creerme que finalmente perdiera el combate el vampiro al que le había ordenado que venciese. Mientras su extraño rival observaba atento una máquina de la habitación, yo me acerqué a él.

Lo miré con una sutil sonrisa. Cogí la espada y la arranqué de su pecho, desclavándolo de la pared. Él me miró, herido, con rostro de dolor.

-Me temo… que tendremos que retrasar la partida. Estoy algo jodido.-me dijo, excusándose.

-Lo sé. Sería deshonroso por mi parte matarte ahora que estás débil. Márchate y cúrate. Quiero una lucha justa, estando ambos al 100%.

Su momento efímero de superioridad se había desvanecido por completo. En ese momento no era más que escoria para mí. Sin embargo, sabía que no debía olvidar el espectacular combate que había visto unos minutos. Era un rival duro.

Se marchó por donde yo había venido. En mi mano todavía seguía la espada del extraño vampiro. Me acerqué y le devolví amablemente su arma, que lanzó al suelo. Su forma de actuar no era muy normal, pero agradecía no tener problemas con él, a pesar de haber sido golpeado por mí en un par de ocasiones. Desde mi posición alcanzaba a ver como se alejaba el vampiro de negro y como aparecía por la puerta la chiquilla del vástago al que supuestamente había matado. Me extrañó que ambos salieran a hablar, así que los espíe por si acaso, pero no obtuve nada que me resultara útil.

Cuando volví a la habitación, vi como se abría una gruesa puerta de metal al fondo. De ella salían dos vampiros casi igual de extraños como el espadachín. Logré ver dentro de la sala contigua al Brujah con el que había ido hablar, así que me adentré en ella. Dentro de ella había varios vampiros colgados de la pared, atados con cadenas, con los ojos vendados y estacados. En ese momento me interesaba más la información personal que había ido a buscar antes que saber que asuntos se tenía la Príncipe entre manos, así que me acerqué al Brujah.

-Disculpa.-le dije.

-Hola, ¿qué quieres?

-Ya hemos coincidido un par de veces, así que me gustaría saber tu nombre.

-Me llamo Kevin, ¿y tú?-me dijo sorprendentemente amable a mí modo de ver.

-Yo soy Lázaro, encantado. Tengo algunas preguntas que hacerte.

-¿Qué preguntas?

-¿Qué sabes acerca de uno de los vampiros que peleaban fuera, el del pelo largo?

-¿Para qué lo quieres saber?

-Tengo algo pendiente con él.

-¿Y me preguntas a mí en vez de ir directamente contra él?-me preguntó. La verdad es que tenía algo de razón.

-Verás… tengo algo pendiente con un vampiro, pero no estoy totalmente seguro que sea él al que busco. Por eso quiero saber cosas de él, para no matar por matar.

-Se llama Amílcar, es un Lasombra. Según lo que él me dijo… es un vampiro convertido hace poco…

-Ajá…-le interrumpí.

“¿Convertido hace poco? Su apariencia no pertenecía a la de alguien mayor de 30 años ni de lejos, tendría como mucho 20 y algo... así que si había sido convertido hace poco... Tendría que saber el año en el que había nacido como humano. El asesinato de Laura por el cual me habían metido en la cárcel había sucedido en el 1984. Si hubiera nacido después de ese año, la información del Nosferatu sería cierta y mi sire me habría mentido. Sin embargo, puestos a pensar en que Íllode me había mentido, también podía ser mentira el asesinato o la fecha del mismo. Debía confiar en que las razones por las cuales luchaba eran ciertas… sino, ¿de qué habría servido todo?”

-Por casualidad… ¿no sabrás en qué año nació como humano?-le pregunté, con vagas esperanzas de tener una respuesta que me solucionase el problema.

-No, lo siento. Eso no lo sé.

-Gracias.-le dije.-Y encantado.-continué, mientras dejaba aquel lugar.

Me dirigía al exterior cuando, por el camino, me encontré con el Nosferatu de siempre. ¿Me ofrecería información de nuevo?

-¿Y tú por aquí?-le dije.

-He venido a traerte la factura.-me respondió.

-¿La factura? ¿De qué se trata?-esperaba con ansias una buena caza. Quizá eso me animara algo.

-Lo sabrás cuando reúna a tus compañeros. Sígueme.

Seguí al Nosferatu volviendo al interior. Se paró junto a la vampiresa que quería matarme y le pidió que la siguiera. Justo después, llegamos junto al extraño vampiro arregla-máquinas y también se unió. No podía creerme que mis dos compañeros fueran mi querida “asesina” y el extraño vampiro al que yo había golpeado. Al menos podría ver un poco más de su forma de luchar en caso de que me tocara combatir contra ellos. Nuestra misión: matar a un Assamita. ¡Por fin algo de acción!

Tras un largo caminar por las calles, llegamos a un cruce. Al fondo se alcanzaba a ver a un vampiro que parecía tranquilo.

-Ese es vuestro objetivo.-nos dijo. En ese instante, dos vampiros llegaron por la derecha y se colocaron delante del Assamita. Eran los dos cainitas que había visto salir de la casa de la Príncipe. Los dos tenían un aspecto extraño, eran un hombre y una joven.

Yo y la vampiresa miramos al Nosferatu y comenzamos a caminar, al contrario que nuestro compañero, que se quedó mirando fijamente al hombre que teníamos delante.

Yo giré la maza en mi mano, dispuesto a matar al Assamita. Me paré, tenía algo que preguntar.

-¿Cuán poderoso es?-pregunté.

-Demasiado.-me respondió el Nosferatu.

-Está bien… “entonces iré con todo lo que tengo”.

Me saqué la túnica, donde guardaba mis espadas, y la dejé junto al Nosferatu, así como mi maza. Le pedí que me las guardara. Volví a encaminarme aparentemente desarmado hacia el Assamita, mostrando mi grandiosa ala y mi no tan interesante cola de caballo. Invoqué las garras de la bestia y mis manos se transformaron en poderosas y mortíferas armas.

-Buen… detalle…-me dijo el Nosferatu, admirando mis cualidades.

-Gracias.-le respondí.

Caminé al lado de la vampiresa mientras le advertía a los dos vampiros que se apartaran. Me hicieron caso omiso, así que seguí caminando. Si tenía que apartarlos a la fuerza, lo haría.

-Ya que vamos a ser aliados temporalmente… me encantaría saber el nombre de mi supuesta futura asesina.-le dije con cierto tono irónico.

-Soy Elisa.

-Lázaro, encantado-le respondí.

Finalmente llegamos junto a los vampiros. Aparté a uno con delicadeza, intentando mostrar que él no era mi objetivo, pero con una extraordinaria fuerza me lanzó contra el suelo.

“Lo rodearé… parece demasiado atento a la mirada del extraño vampiro”

Lo rodeé y me encontré con el Assamita.

La batalla había empezado.

Salté sobre él con ferocidad, pero una vara de madera me golpeó, cambiando mi rumbo aéreo. Miré a la dueña del estoque de madera.

-Lo siento. No quiero haceros daño, pero os pido que os estés quietos.-me dijo, disculpándose, recibiendo en ese instante un disparo de Elisa, que pareció no dañarla demasiado.

“¿De qué hablaba? ¿Era mi enemiga pero sólo quería que estuviera quieto? Extraña vampiresa… sin duda. Pero no parecía malvada, y tendría en cuenta su educación en un futuro…”

Cuando volví la mirada hacia el Assamita, vi como llegaban Amílcar, ya curado, y Kevin. La rapidez del Brujah era impresionante. Se adelantó y atacó con sus espadas, hiriendo gravemente al vampiro al que yo y Elisa habíamos ido a matar. Tras él atacó Amílcar, aunque sin el mismo resultado. Los dos extraños vampiros de los que desconocía el nombre también comenzaron a luchar. La verdad es que era una mini-guerra algo sorprendente, teniendo de mi lado a alguien que quería asesinarme y alguien a quien quería asesinar. Pero en un precio que debía pagarle al Nosferatu a cambio de la información que me había dado.

Intenté atacar de nuevo al Assamita, que acaba de dejar malherido a Kevin, pero un estoque de madera me atravesó el corazón.

“No, otra vez no. ¡Mierda!”

No pasé mucho tiempo estacado, por suerte, ya que Elisa intervino y me sacó la improvisada estaca rápidamente, muy a mi sorpresa. Me había equivocado cuando había dicho que no tenía honor, el haberme ayudado en vez de aprovecharse de la situación hablaba muy bien de ella. Quizá acabaríamos teniendo un combate interesante en un futuro.

-Gracias. Te debo una.-le dije.

-No me debes nada.-me dijo secamente.

Sonreí para mis adentros. Le debía una.

Tras unos minutos más de lucha, con la llegada de una nueva aliada a nuestras filas, Angelina, la vampiresa que mi sire me había presentado unas horas antes, y con un golpe de gracia por parte de Kevin, el Assamita se convirtió finalmente en cenizas.

Finalmente habíamos vencido. Me sentí algo culpable, ya que apenas había servido de utilidad por no poder alcanzar a nuestro objetivo por las continuas intervenciones de la vampiresa del estoque.

Miré atrás y vi a Elisa paralizada. La vampiresa que tanto me había estorbado a mí en la lucha, había conseguido estacarla a ella también. Me acerqué y le quité la alargada estaca.

-Te debía una.

2 comentarios:

Lu~ . dijo...

¡¡Te quedó genial!!

Eres un crack, señor uou.

Yo todavía tengo pendiente la anterior, y esta última UoU.

Anónimo dijo...

Te quedo bieeeeen *w* me gusta más como te quedó ésta que las anteriores ^^ Felicidades, vas mejorando o.ó

Liebi es adorable desde tu punto de vista *0*