jueves, 3 de diciembre de 2009

Sophie 1

Como dije, este capítulo no continúa directamente lo que ocurría en el anterior, sino que cuenta otra cosa relacionada con la historia. Sé que es confuso, pero pensé en diseñar la historia así y espero que os guste y que la vayais uniendo en vuestra cabeza. O que al menos disfruteis con los relatos.

Os presento a Sophie.


Sophie 1


“Desde que era pequeñita, siempre me encantaron los libros, siempre me apasionó el conocimiento y mi sed por él era insaciable. Todos los problemas en los que solía meterme eran causados por mi naturaleza curiosa.


Durante mi estancia en la adolescencia, estuve sola. No confiaba en nadie y todos me resultaban seres patéticos e insustanciales, animales cuya única meta era el reconocimiento popular y experiencias carnales, carentes de importancia real. Mi acompañante era la literatura, tras la que me escondía, y la única que realmente me apoyaba. Aquellos estúpidos sobre hormonados se burlaban de mí, de mi aspecto retraído, siempre con mis gafas y mi larga melena negra, recogida con un coletero. Y mi ropa, extraña a sus ojos, pero normal para mí.

Fue la curiosidad la que acabó con mi vida, a los 21 años.

Tampoco tenía amigos por aquel entonces. Cursaba la carrera de Filosofía, llenándome de más y más preguntas, lo que alimentaba todavía más mi sed de conocimiento. Tras un largo día, después de varias horas de clase, tocaba volver a casa de noche, un viernes, algo que odiaba, ya que era el momento en el que las ratas salían de sus inmundos agujeros y se juntaban para sus ritos de apareamiento, siempre acompañados con alcohol y alucinógenos, siendo yo quien tenía que aguantar sus ignorantes comentarios. Tratando de evitarlo, me introduje por las oscuras callejuelas.

Siempre me pregunté qué habría sido de mi vida si aquella noche hubiera decidido ignorar los comentarios y seguir por el camino de siempre.

Crucé por los callejones vacíos y fue entonces cuando escuché aquello:

-Qué sabrás tú de la vida, si nunca has vivido de verdad…-dijo una voz serena y melódica. En el momento en que escuché esa frase, mi curiosidad se apoderó de mí y me asomé al callejón, intentando no llamar la atención. Vi a dos hombres. Uno vestido de forma muy elegante y tradicional, sosteniendo un bonito bastón, con piel muy pálida y una larga melena rubia recogida en un ornamentado broche. Este cogía al otro por la pechera, levantándolo del suelo como si no pesara nada. El aspecto de este último era demasiado común.

-Pero… por favor, ¡no quiero morir!-contestó, con lágrimas en los ojos.

-Nadie en este mundo escoge su muerte, humano.-dijo, llamando aún más mi atención.-Incluso los suicidas carecen de dicha libertad, ya que su muerte no la provocan ellos, sino las circunstancias que han sabido sobrepasar las defensas del valor para vivir y han acabado con ellos como un asesino acaba con su presa.-
El hombre rubio había conseguido fascinarme como nadie nunca había podido en toda mi vida. Cada sílaba que su voz emitía me aceleraba más y más el corazón, y su aspecto, andrógino pero muy varonil, recordaba a la de los antiguos caballeros, aunque también a los relatos que hablaban sobre el mito del vampiro. Y mi curiosidad por saber quien era o qué era demasiado grande.

-Quiero vivir…-dijo sollozando.

El hombre elegante lo soltó y lo dejó caer al suelo, mirándolo serio. La mirada del otro se iluminó, viéndose por fin libre. Recordando a sus hijos más que nunca, dispuesto a estar más con ellos y aprovechar mejor el tiempo con la gente que quería. Sonrió, y por primera vez en mucho tiempo fue la persona más feliz del mundo.

-¡Cuán delicioso es devolver la esperanza a un pobre mortal… para luego aniquilarla con tantísima facilidad!-recitó casi gritando el hombre rubio mientras desenvainaba una espada que permanecía oculta dentro del bastón y cortaba la cabeza del mortal con un rápido movimiento.

La cabeza rodó por el suelo, dejando un rostro de completa desesperación. La sangre salió despedida del pescuezo yendo a parar a la cara y parte del traje del asesino. Su risa resonó por todo el callejón. Era la risa de un loco, desencajada y con fuertes agudos, en contraste con su aspecto elegante y serio.

Aunque acababa de ver algo terrible no me asusté en ningún momento, ni sentí pena. El hombre que acababa de morir no me importaba lo más mínimo. Y mi fascinación por ese hombre rubio, que acababa de mostrar una faceta totalmente descontrolada aumentaba. Su risa se silenció y se tornó serio de repente.

-Sé que estás ahí, niña.-dijo el hombre.

Mi corazón dio un vuelco. Me había descubierto, incluso era posible que ya supiera que había estado ahí desde el principio. Pero no tenía miedo, y salí de mi escondite. Miré al suelo, tímida y avergonzada.

-Ven. Acércate, no voy a hacerte daño.-dijo él, mientras sacaba un trapo de uno de sus bolsillos y limpiaba la espada con la que acaba de matar. Y aunque sus palabras sonaban contradictorias, yo me lo creí.

Cuando llegué hasta él, subí mis ojos hasta encontrarme con los suyos por primera vez. No sabría explicar con palabras lo que sentí en ese momento, pero su mirada había penetrado en mi cuerpo, quitándome toda la fuerza y a la vez llenándome de ella. Nunca había sentido nada por nadie, y en ese momento todos y cada uno de mis sentimientos se elevaron a un nivel superior. Todo esto era la sensación que su mirada me provocaba, como si se tratase de un hechizo, aunque realmente no lo era. En ese momento supe con seguridad que aquel hombre no era humano.

-Mi nombre es Joseph Von Horst.-dijo, besando mi mano, y haciéndome temblar con solo rozar sus labios con mi piel.

-Yo… yo… yo… soy So… Sophie.-dije, entrecortadamente.

-Soy un psicópata. Soy un vampiro. Fui un humano psicópata y ahora soy un vampiro psicópata.

La palabra “vampiro” resonó en mi cabeza. Deseaba respuestas. Deseaba permanecer toda la eternidad a su lado.

-Has estado ahí desde el principio y no has corrido, no has llorado, no has gritado. ¿No tienes miedo?

-No.-dije, seria y convencida.-Lo único que me importa en esta vida es satisfacer mi curiosidad, encontrando respuestas a todo cuanto se me plantea. No me importa nada más, ni la gente… ni siquiera yo misma.

Joseph sonrió.

-La vida es demasiado corta como para conseguir todas las respuestas.

-Daría lo que fuera por tener el tiempo suficiente para conseguirlas…-le contesté.

Continuamos hablando un rato más y me ofreció acompañarle. Me ofreció una vida inmortal, a su lado. Lo acepté sin dudarlo.

Durante años me enseñó a ser una vampiresa. Me entrenó en el noble arte de la espada. Me consiguió contactos, me habló sobre la realeza de los vampiros y me trajo hasta aquí, a la organización, a la que pertenecía y a la que me uní yo también. Pero después de aquello… la organización se dividió en dos, los tradicionales vampiros y nosotros, los más jóvenes, con ideas distintas. Nos habíamos distanciado bastante y eso nos separó... para siempre. Él se fue, y yo me quedé con la nueva organización. He cambiado bastante desde aquello… y no sólo por mi forma de vestir o mi color rojo en el pelo, sino también en mi forma de ser y en mis objetivos a corto plazo, más en común con las de la organización.”

-Y por lo que me cuentas… también has cambiado en algo más.-dijo Airath con su voz ronca.

-¿Ah, sí? ¿En que más?-preguntó Sophie, curiosa, como cuando era humana.

-Pues que ahora estás buena.

Airath 1

Llevo bastante tiempo pensando en escribir una historia sobre vampiros. Por supuesto no es un gran texto, sino más bien los minutos sueltos en los que no hago nada y por ciertas razones... o estoy sentado sin hacer nada, o escribo. Y en mi cabeza se dibujaron historias, personajes, estética y demás. Pretendo contar la historia a través de diversos puntos de vista. Serán capítulos sueltos, con fragmentos de la historia. Lo más probable es que los capítulos sean sueltos, con saltos temporales entre ellos, pero que según vaya contándoos se podrá "dibujar" una línea temporal.

Me faltan un par de líneas para terminar el segundo, que ya os aviso que no es continuación directa del primero, pero que cuenta algunas cosas. Espero que os guste, porque tengo ideas y creo que puede quedar bien. El problema quizá, es que será todo un poco confuso y lioso, pero más que contar una historia de principio a fin, quiero contar lo que les pasa a mis personajes. Por supuesto, habrá una trama principal y un protagonista principal, del que os hablo ahora. Todavía no tengo título para la historia :p

Espero que os guste ^^

Airath 1

Recostó su espalda en la vieja silla rechinante de aquel Café. Su sitio era uno de los rincones, desde donde podía observar todos los clientes, sus gestos, sus movimientos, sus miradas, inventándose sus vidas. Se regocijaba en la idea de sentirse superior a los demás y en ningún momento pensaba que fuera al contrario.

-¿Lo mismo de siempre?-dijo el camarero, despertándole de sus pensamientos.

-Sí, gracias.-respondió este con su característica voz ronca, sonriendo y mostrando su blanca e impoluta dentadura, en la que destacaban dos extraños colmillos sobrenaturalmente grandes.

El camarero sonrió un poco, no era la primera vez que le había visto, simplemente pensaba que Airath, el extraño cliente habitual, era un poco raro.

Airath tenía el aspecto de un joven que empezaba a desgastarse. Era alto y delgado, pero levemente musculado. Su rostro, pese a conservar la juventud, desprendía multitud de experiencias, ya fuera a través de su cansada mirada, de la cicatriz de su mejilla o de sus arrugas. Sus ojos eran negros, algo hundidos en su faz, en consonancia con la profundidad de su mirada, más de un anciano que de un joven adulto. Su nariz era muy masculina, grande y recta, apoyada encima de su boca común y muy corriente. Rodeándola, una barba poco cuidad de 3 o 4 días. Tenía el pelo corto, con un flequillo en forma de U invertida, de color negro. Airath solía vestir con ropa oscura, acorde con su forma de ser, tristón y desencantado. Hombre normalmente malhumorado y borde pero con un sentido del humor particular. En ese instante, vestía una camisa negra un poco abierta por el pecho, unos pantalones también negros y unos zapatos.

El Café Rhapsody era su favorito. Cerraba ya avanzada la noche, la música no le molestaba y servían buen café.

El camarero le trajó su capuchino, y en ese momento, por la puerta entró un hombre conocido vestido de traje. Miró hacia todos los lados dentro del local, buscando, mientras se acariciaba su frondoso bigote. Y en ese momento vio a Airath, sentado en su típico rincón, y tras mostrar una sonrisa de victoria, caminó hasta llegar a sentarse frente a Airath. Su barriga lo separaba varios centímetros de la mesa.

-¿Qué coño haces aquí?-preguntó Airath, con tono inquisidor.

-¿Y tu educación?-contestó el cincuentón, de forma burlona.

Airath le dedicó una fulminante mirada y tras eso, se relajó. Sacó una cajetilla de tabaco de sus bolsillos y encendió un cigarro negro. Tras darle una calada:

-Estás más calvo que nunca.-dijo fijándose en sus exageradas entradas y en la falta de vello en el cogote, como si el mantener el enorme mostacho le hubiera descompensado el total de pelo de su cuerpo.

-No todos nos conservamos como tú.-respondió el hombre.

-¿A qué has venido, Grey?-preguntó el fumador sin miramientos.-Sabes que no me gustan tus negocios.

-Este sí, Ai.-dijo el gordo, que ignoró las quejas de primero con respecto a la forma de llamarle.-Se trata de…-comenzó, mientras comprobaba que nadie le escuchaba a su alrededor-... de los licántropos.-susurró, con tono ciertamente asustado.

-Por mucho que susurres, cualquier vampiro o lobo podría haberte escuchado sin esfuerzo. Vámonos de aquí, es más seguro.

Airath bebió de golpe su capuchino y dejó las monedas necesarias encima de la mesa. Salieron del local y se metieron en un callejón. Airath sacó su plateada Desert Eagle del cinturón, camuflada por debajo de la camisa, y con tono intimidatorio, pronunció:

-Grey. Creí haber dejado claro que no quería saber absolutamente nada de ti , de tu barrigón y de tus putos negocios.-dijo, dándole la última calada al cigarro y tirándolo al suelo, sin mirar al bigotudo.

-Airath, tío, tienes que comprenderme. Me escogieron a mí para los negocios con humanos, pero también me utilizan-se pausó, apenado al recordar que no era más que un instrumento.-como intermediario para encontrar a los vampiros que han decido desaparecer.

-No quiero saber nada de ellos. Y no decidí desaparecer. Decidí ser un vampiro de verdad, alguien que vive entre los humanos y se alimenta de ellos de vez en cuando. No quiero tener nada que ver con su puta organización… -siguió Airath, enfadado.

-Ha cambiado desde que te fuiste. En estos diez años te has perdido muchas cosas y ahora son otros vampiros los que llevan la organización. Incluso creo que te gustará. Y ahora necesitan tu ayuda con los hombres-lobo. Por tu contacto con algunos de ellos…-dijo, pausándose un momento al ver el rostro enfurecido del vampiro de la pistola.- Ai, tío, necesito que vuelvas con ellos. Me han dicho que si te convenzo, me dejarán en paz y podré volver a tener una vida normal.-suplicó el gordo.

El vampiro se quedó en silencio, como esperando alguna palabra más, todavía con el arma en alto. Tenía curiosidad por la nueva organización y por los problemas con los lobos, pero no le interesaba lo más mínimo ayudarles en nada. Grey, al ver que no respondía, sacó una pequeña tarjeta de uno de los bolsillos mientras dejaba escapar un último “por favor”.

-Has hecho bien tu trabajo, Grey. Pero te mintieron cuanto te dijeron que tendrías una vida normal. Esto es lo que harán contigo…

Un pequeño berrido de angustia se vio silenciado por el cañonazo de la Desert, que lanzó su bala directo contra la cabeza del gordo, esparciendo sus sesos por la calle. Tras eso, el cuerpo cayó como un saco de patatas. Airath se agachó a coger la tarjeta, que todavía seguía en la mano del reciente cadáver y la miró. En ella aparecía una calle manuscrita a bolígrafo. El vampiro supuso que lo había apuntado el humano.

La dirección que recordaba era otra, lo que en cierto modo confirmaba los cambios dentro de la organización. Se preguntaba si seguía siendo un grupo que trabajaba para la realeza vampírica o si irían en contra de ella. También se preguntó por sus dirigentes, y por qué clase de vampiros estarían a su mando. El caso es que sabían quién era, y conocían parte de su pasado y de sus andanzas por la anterior organización. Decidió dirigirse hacia allí en su momento, alejándose así de la atención que el ruido del disparo podría haber causado. Su moto todavía le esperaba en una de las calles cercanas.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Carta de Valerie



"Sé que no hay forma de convencerte de que este no es otro de sus trucos, pero no me importa yo, soy yo.

Me llamo Valerie, no creo que viva mucho más y quería contarle a alguien mi vida. Esta es la única autobiografía que voy a escribir y Dios..., la estoy escribiendo en papel higiénico.

Nací en Nottingham en 1985. No recuerdo mucho mi infancia pero si recuerdo la lluvia. Mi abuela tenía una granja en TotterBroock y solía decirme que Dios estaba en la lluvia. Al acabar el colegio, ingresé en un Instituto para chicas, fue allí donde conocí a mi primera novia, se llamaba Sarah. Recuerdo sus muñecas, eran preciosas, creía que nos amaríamos eternamente. Recuerdo que nuestro profesor nos decía que era una fase adolescente que pasaría, a Sarah se le pasó, a mi no.

En 2002 me enamoré de una chica que se llamaba Cristina, aquel año se lo dije a mis padres, fui capaz porque cristina estuvo a mi lado cogiéndome la mano. Mi padre no podía mirarme, me dijo que me fuera y que no volviera jamás, mi madre… no dijo nada. Solo les había dicho la verdad, ¿tan egoísta fui? Nuestra integridad vale tan poco… Pero es todo cuanto realmente tenemos, es el último centímetro que nos queda de nosotros, si salvaguardamos ese centímetro somos libres. (….)

Siempre supe lo que quería hacer con mi vida, y en 2015 protagonice mi primera película: Las Salinas. Fue el papel más importante de mi vida. No a nivel profesional, si no a nivel personal, porque conocí a Ruth. La primera vez que nos besamos… sentí que no quería volver a besar otros labios que no fueran los suyos. Fuimos a vivir juntas a un apartamento en Londres, sembró Violet Carson en los maceteros de la ventana, y toda la casa olía a rosas. Fueron los mejores años de mi vida. Pero la guerra norteamericana se recrudecía cada vez más. Hasta que finalmente alcanzó Londres. Después de eso no hubo más rosas; para nadie. (….)

Recuerdo como empezó a cambiar el significado de las palabras, palabras con las que no estábamos familiarizados como colateral y entrega, empezaron a dar miedo. Mientras que otras como fuego nórdico y artículos de lealtad empezaron a cobrar poder. Recuerdo que diferente pasó a significar peligroso, aún no lo entiendo…

¿Por qué nos odian tanto? Detuvieron a Ruth mientras hacía la compra… nunca en mi vida he llorado tanto… No tardaron en venir a por mí. Es extraño que tenga que pasar el final de mi vida en un lugar tan horrible, pero durante tres años, recibí rosas, y no tuve que arrodillarme ante nadie. Moriré aquí, cada centímetro de mí perecerá, cada centímetro… salvo uno. Un centímetro, algo pequeño y frágil, y lo único que merece la pena conservar en el mundo. Nunca debemos perderlo o entregarlo, nunca debemos dejar que nos lo arrebaten…

Espero seas quien seas que escapes de este lugar, espero que el mundo cambie y que las cosas mejoren, pero lo que espero por encima de todo, es que entiendas lo que quiero decir cuando te digo que aunque no te conozca, y aunque puede que nunca llegue a verte, a reírme contigo, a llorar contigo o a besarte…, te quiero, con todo mi corazón… Te Quiero.



miércoles, 25 de febrero de 2009

Feeling good




Toda mi vida se ha caracterizado por la cobardía, la inseguridad, la falta de autoestima, la aceptación, la pasividad, y, sobre todo, por la autocompasión. Acabo de salir de un año muy malo, tanto en el ámbito personal como de salud, que es la primera vez que una enfermedad (dos, exactamente) consigue acabar conmigo mentalmente hablando. Jamás me desesperé tanto y aunque siempre he perdido la esperanza con facilidad, en este caso resultó pisoteada y humillada.

Por supuesto, como dije arriba, llegó en el peor momento posible, un momento de inseguridad absoluta y de desconocimiento total sobre mis sentimientos. (¡Coño, no tenía tiempo!).

Por todo eso, veo a los últimos meses como una prueba. Una prueba en mi vida, la más gorda hasta ahora. Ya que me veía obligado a tomar varias decisiones importantes y afrontar problemas en el peor momento de salud de mi vida. Y yo estaba acostumbrado a dejar pasar los problemas, ya que con el tiempo acababan arreglándose, de un modo o de otro, y aunque me quejo siempre de mi suerte, la verdad es que solían acabar con satisfactorios resultados.

Pero ahora la suerte no estaba de mi lado. Lo único que conseguía era hundirme más y más en la mierda. Lo único que conseguía era empeorarlo todo, incluso mi salud.

Pero supe que tendría que arreglarlo todo desde abajo para poder salir del pozo. Las pasaría putas, sufriría, lloraría, sería un hijo de puta, pasaría noches en vela con naúseas, me sentiría mal en general. Pero o lo hacía, o saldría muy jodido yo... y más de una persona.

Y le eché huevos.

¿Cómo? No lo sé. Todavía me cuesta creer que lo haya hecho. Ya se sabe que las primeras veces cuestan mucho. No estás convencido de si hacerlo o no, sabes que la vas a cagar y tienes miedo. ¿Fue la desesperación? ¿Fue por enfado conmigo mismo? ¿Porque sabía que sería mejor para ?

Sabría decir que cosas me ayudaron a echarle huevos, pero no sabría decir cuales no me afectaron. El caso es que lo hice, y estoy orgulloso.

Me sentí valiente, me sentí seguro, me subió el autoestima, no acepté mi estado de ánimo, no fui pasivo, y, desde luego, no me refugié en la autocompasión.

Jodí. Hice sufrir.

Sabía que lo haría. Pero prometí ser egoísta, y pensar sólo en mí. Quizá así consiga odios, quizá, pero ahora me da igual.

El caso es que...


It's a new dawn...

It's a new day...

It's a new life...

For me.

And I'm feeling good.