jueves, 31 de enero de 2008

Lázaro 2

Tras algunos días de parón en el blog debido a que no encontré un momento para actualizarlo mientras estudiaba para el examen que se me acercaba... aquí estoy de nuevo.

Traigo conmigo la nueva sesión de la partida narrada desde el punto de vista de mi personaje, Lázaro. Acabo de escribirla, así que posiblemente todavía quede por ahí algún que otro error ortográfico o gramatical. Disculpadme, tendré que revisarlo.

La verdad es que me llevó mucho más tiempo del que pensaba escribirlo, pero aquí está. Espero que os guste...


Continuación de... Noche 2 - Fin de año


Me frené. Mi vista logró alcanzar a lo lejos a una señorita mortal que permanecía apoyada en un árbol. Su postura me decía que esperaba a alguien, así que debería darme prisa si no quería armar mucho revuelo. Procuré guardar la maza bajo mi túnica y me acerqué caminando hacia ella. Cuando ella me miró, yo le respondí con una sonrisa.

-Te veo sola…-le dije.

-Sí. Estoy esperando a alguien.-me dijo, mientras echaba un vistazo a los lados por si veía a la persona que vendría a buscarle.

-Está tardando mucho, ¿no crees?-le pregunté, tratando de desprevenirla para poder clavarme mis colmillos.

Ella me miró algo asqueada. Sin duda alguna quería que yo me fuera de allí, ya que mi sola presencia la inquietaba. Ella sabía perfectamente que no estaba hablando con un humano normal.

-Ti-tienes los ojos raros.-me dijo, algo nerviosa.

-Sí, ¿verdad?-le dije, sonriente.

Acto seguido, y sin dejar que alzase la voz, la cogí por los pómulos con mi mano y la estampé contra otro árbol. No podía gritar ya que mi palma le tapaba la boca, pero sus ojos, llenos de terror, hablaban por si solos. Sin perder el tiempo, clavé mis colmillos en su cuello, dejando correr la sangre que, posteriormente, sorbería.

Ella comenzó a revolverse, tratando de escapar de aquella tortura a la que nos estábamos sometiendo. Sus gritos llegaron a escaparse a través de los huecos que dejaba mi mano. Eran gritos desgarrados. El sólo oírlos provocaba un dolor inmenso. Yo continuaba bebiendo su sangre, aunque deseando a cada trago que aquello terminara. Al contrario que ella, yo no sentía dolor, lo que yo sentía era algo mucho peor. Sería imposible explicarlo con palabras aquel sentimiento de angustia, ira, terror, asco… cualquiera de esos términos se quedaban demasiado cortos. Era irónico que yo, un vampiro cazador, odiara tanto el alimentarme de humanos. Tiré el cuerpo pálido e inerte al suelo, enfurecido. “Espero que pase tiempo antes de que vuelva a necesitar alimentarme. Esto es… es…” pensaba, mientras golpeaba un árbol, resquebrajando un poco el tronco.

Limpiando la sangre de mis comisuras, reanudé mi pequeño viaje al recinto de la Príncipe. Pero cuando tan sólo había dado un par de pasos, una presencia me visitaba.

-Buenas noches, Lázaro.-dijo una voz tan sosegada como hiriente.

Me di la vuelta y, como esperaba, un horrendo vástago del clan Nosferatu me observaba con una leve sonrisa en los labios.

-¿Qué le trae por aquí, vástago?-le pregunté.

-Traigo información que le interesará.-

-¿Ah, sí? ¿A cambio de qué?-le volvió a preguntar, conociendo los métodos de los Nosferatu.

-Nada. No tendría que darme nada…, al menos por ahora.

-Al menos por ahora, ¿a qué se refiere?

-Tal vez en un futuro necesitemos su participación. Usted parece fuerte y nos será útil para alguna batalla próxima. Pero no se preocupe por eso ahora.

-Trabajaré para ustedes… si la información que me da es valiosa.-sabía que jugaba con alguien que sabía mucho más de lo que yo podría recordar, pero debía andarme con ojo.

-Tiene que ver con el asesinato de una tal… Laura.-el solo escuchar el nombre me había convencido.

-Está bien. Cuenten conmigo, pero dígame lo que sabe.

-El vampiro al que persigues está vivo. Pero, él no es que la asesinó.

-¿Ah, no? ¿Quién es, entonces?-le pregunté, con dudas sobra la certeza de esa afirmación.

-Eso tiene un precio especial, Lázaro. Estaré dispuesto a decirle quien es el asesino de su amada, pero debe saber que el precio por esa información… es la vida de su sire.

No podía creer lo que estaba diciendo. Tenía tan cerca la respuesta de la pregunta que llevaba tanto tiempo buscando… pero el precio era demasiado alto. Si lo que el Nosferatu me decía era verdad, Íllode, mi sire, me había mentido. Pero mi sire muerto a cambio de descubrir que era un mentiroso no era precisamente un cambio justo.

-No. Prefiero descubrir por mí mismo quién ha sido el asesino de Laura y matarlo con mis propias manos.-dije, mientras iniciaba de nuevo el camino hacia la mansión.

-Debo advertirle, Lázaro…-me paré para escucharle, pero de espaldas a él.-que su pasado le perseguirá…

Giré mi cabeza pero él ya no estaba allí.

“¿Mi pasado? ¿Acaso cometí algún error que no recuerdo? No… Íllode me lo habría dicho.”

Pronto llegué al muro por el que había saltado la noche anterior. Pude ver como un cerco policial rodeaba la entrada. Algunos coches patrulla y algunos agentes paseaban por la zona. Uno de los policías me había visto y se acercaba.

-Lo siento, señor. Usted no puede estar aquí.

-Ah, disculpe, ya me voy…-dijo sonriendo amablemente mientras pensaba en una forma de llegar a la casa.-Oiga…-le dije, antes de que se marchara.

-¿Sí?

-¿Sabe qué ha ocurrido aquí?-le pregunté, intentando descubrir algo a mayores de lo que ya sabía.

-Alguien estalló la casa, pero no sabemos por qué.-dijo, mientras hacía gestos para que me fuera.

Di un rodeo al muro y salté por otra zona, alejada de los policías. Cuando mis pies tocaron el suelo, pude ver a lo lejos una silueta conocida. “¡El Brujah! ¿Todavía tendrá ganas de pelea?” Caminé hacia él sin mostrar en ninguno momento algún gesto por el que pudiera pensar que quería batirme con él. Cuando estuvimos lo suficientemente cerca él comenzó a hablar.

-¿Qué haces tú aquí?-me preguntó.

Miré hacia otro lado buscando lo que había ido a buscar: las cenizas del vampiro que, según mi sire, había matado a Laura. En ese momento me preguntaba por qué confiaba tanto en las palabras de un Nosferatu que apenas conocía y comenzaba a dudar en las de un cainita que tanto me había ayudado siempre…

-Estoy buscando algo…-

-¡Hijo de puta!-gritó una voz a mi espalda. Venía del lugar por el que yo me había metido en la mansión.

Me di la vuelta. Una atractiva y bella vampiresa que sostenía una ballesta y un arma de fuego en cada mano, me miraba furiosa.

-¿Me estás hablando a mí?-dije serio.

-Claro que sí, estúpido.-dijo, mientras se acercaba a nosotros.

-¿A qué viene tanto insulto?-le pregunté.

-¿Y todavía me lo preguntas? ¡Hay que joderse!-me respondió.-Parece como si no lo recordases…

-Debes saber… que soy amnésico. No recuerdo nada de mi vida y… prácticamente no recuerdo ni la mitad de mi no-vida. Así que es difícil que recuerde algo.

De su boca salió una irónica y corta risa.

Entonces, de nuevo a mi espalda, aunque esta vez siendo el lado contrario, dijo una voz femenina:

-¡Es ella! ¡Ella es la de las bombas!

-¿Eres tú la que ha colocado los explosivos?-preguntó el Brujah, que permanecía detrás de mí.

-Sí, ¿y qué? Vosotros también veníais a matar a la Príncipe, ¿no?-dijo inicialmente como si se estuviera disculpando.- ¡Bah! Me dan igual vuestras no-vidas. Si moríais con las bombas… ¡os jodéis!-

Siendo capaz sólo de gritar un “¡Quietos!”, de detrás de mí surgió veloz el Brujah, que le propinó un buen puñetazo a la vampiresa sin darle tiempo a defenderse. Durante unos minutos todo fue muy confuso hasta que volví a ver como aquel gran vampiro pretendía golpear a su enemiga otra vez.

Me coloqué en su trayectoria, preparado con mi Fortaleza para recibir el ataque mientras volvía a insistir que parasen. La fuerza con la que el Brujah me golpeó hizo que tuviera que retroceder varios pasos, pero finalmente paró.

-¡Quieto! Déjame que hable con ella. Tiene algo que decirme.

El vampiro hizo un gesto de indiferencia y se dio la vuelta, continuando con lo que hacía en un principio. Me di la vuelta y vi la mirada de la vampiresa clavada en la mía.

-Te presento a mi sire.-dijo, mientras señalaba con la cabeza hacia un lado.

Miré a donde me indicaba y vi surgir de entre los arbustos el cuerpo de un vástago que jamás había visto, o que al menos no albergaba en mi memoria. No acababa de comprender como había aparecido allí ese vampiro. Miré a la vampiresa confuso, algo que ella notó.

-¿No sabes quién es? ¿No te acuerdas de él?

-No. No recuerdo haberlo visto nunca.

-No sé si me jode más que lo matases… o que no recuerdes haberlo matado.

“¿Matarlo? ¿Yo maté a ese vampiro? ¿A esto se refiera el Nosferatu cuando dijo que mi pasado me perseguiría?”

-Ya te dije que no recuerdo nada, así que… ¿cómo pretendes que recuerde que lo he asesinado? Mira… sé mejor que nadie lo que es la sed de venganza, créeme. Así que estaré dispuesto a luchar contra ti cuando quieras. Pero ahora tengo cosas más importantes que hacer…-dije dándome la vuelta y alejándome de ella.

-¿Cosas más importantes qué hacer?-dijo con una risa nerviosa que mostraba cierto resentimiento.-Matas a mi sire y tienes cosas más importantes que hacer, ¿no? Qué honorable…-dijo con ironía.

La calma que tanto me caracterizaba desapareció en un instante. Esa zorra angustiada me había hinchado los cojones. Moví mi túnica hacia atrás y cogí mi maza, saltando hacia a ella furioso. Mi intento de golpearle se había visto frustrado cuando ella, que había estado preparada desde un principio, disparaba una de las flechas de su ballesta que atravesaba mi cuerpo. Había sido una herida sin importancia.

-No tienes ni puta idea de qué es el honor…¡así que deja de tocarme los cojones, cainita!-le grité.

Tras eso, salté el muro.

Los policías me vieron y como vieron que yo desobedecía sus órdenes me dispararon, pero sus balas desaparecieron en la oscuridad.

Volví veloz a la iglesia, dispuesto a hablar seriamente con mi sire sobre los hechos. Cuando entré en el edificio pude ver sentado en uno de los bancos al Nosferatu con el que había mantenido una conversación al principio de la noche. Me senté en el banco siguiente al de él, esperando a que hablara.

-Es inútil que vengas. Tu sire no está aquí.

-¿Ah, no? ¿Dónde está?-le pregunté mientras se levantaba.

-Te advertí que tu pasado te perseguiría…-tras eso, desapareció.

Comprobé que el Nosferatu tenía razón visitando la habitación donde mi sire dijo que me esperaría. A cada minuto que pasaba, notaba las acciones de mi sire algo extrañas, pero seguía manteniendo mi confianza en él. Tenía que buscarlo, era necesario que hablase con él…

Aunque me llevó un rato, corrí maza en mano hacia el Elíseo, situado en el centro de la ciudad. Cuando ya estaba llegando, recordé que era fin de año al ver las calles llenas de jóvenes vestidos elegantemente con vestidos y trajes, respectivamente. Algunos de ellos se burlaron de mi vestimenta. Por un momento pensé en darles su merecido, pero no quería perder tiempo, así que los ignoré y me introduje en el Elíseo, tratando de encontrar a alguien que conociera el paradero de Íllode. Tras ver algunas caras conocidas, la gran mayoría desagradables, me encontré de nuevo con aquel Nosferatu que llevaba toda la noche esperándome allá donde fuese.

-¿Sabes donde está Íllode?-le pregunté, dándome cuenta de que había dejado el respeto a un lado y ahora le tuteaba.

-Fue hacia allí…-dijo, señalándome con el mugriento dedo hacia el Obelisco.

-Gracias…-dije secamente mientras me dirigía hacia fuera.

-Espera un momento.-me dijo.

Giré mi cabeza a un lado para escucharle, pero no lo miré a la cara.

-Eres una pequeña parte importante de un gran plan que es una pequeña parte de un plan maestro, por lo que no desperdicies tu no-vida.

-Lo tendré en cuenta…-le dije con una sonrisa.

Después de un rato encontré a mi sire en una pequeña calle hablando con una vampiresa. Cuando notó mi presencia, me acerqué a ellos y me la presentó como Angelina. La saludé educadamente, para, posteriormente, hablar con Íllode.

-¿Estás completamente seguro de que el vampiro que me dijiste es el asesino de Laura?-le pregunté lo más serio que pude.

-Sí. Estoy seguro de que es él.

-Lo digo… porque un Nosferatu me ha dicho lo contrario. Y bien sabes lo informados que están los Nosferatu.

-¿A qué precio de te dio esa información?-me preguntó.

-Lo hizo a cambio de que yo les ayudase en un futuro.

Él sonrió como burlándose de mí.

-¿Y crees tan ciegamente en algo que has conseguido gratis?-me dijo.

En un momento pensé que había sido demasiado fácil conseguir la información, pero todavía me quedaban preguntas.

-También me dijo… que me diría quien es el verdadero asesino a cambio de tu no-vida.

-Ah, sí… ¿eh?-me dijo, esperando a que yo le confirmase si había aceptado.

-Por supuesto que le dije que no. Tengo algo más que preguntarte…

-Adelante.

-¿Recuerdas si yo maté a algún vampiro importante?-dije mientras me daba cuenta de lo absurda que sonaba mi pregunta.-Cuando estuve en casa de la Príncipe…-comencé a decir.

-¿Encontraste las cenizas o algo del vampiro que te dije?-me interrumpió.

-No, nada. Pero decía que cuando llegué… una vampiresa me atacó porque según ella, yo había matado a su sire.

-Claro que recuerdo que mataras a algún vampiro. Pero no creo que ninguno de ellos fuese importante ni tuviera a nadie que pretendiese vengarse tras su muerte…

Miré al suelo. Desde que mi sire me había dicho quien era el asesino, había crecido en mi interior una pequeña esperanza de encontrar al cabrón que la había matado. Pero todo había sido confusión y pasos en falso. No había avanzado nada, en ese momento estaba más confuso que nunca.

-Creo que deberías hablar con el grandote de ayer. Es posible que él sepa donde está, ¿no crees?

-Iré a casa de la Príncipe. Estaba allí ahora, imagino que seguirá allí.

Me despedí educadamente de los dos y volví por tercera vez a las ruinas de aquella mansión que comenzaba a saberme de memoria. El cerco policial había desaparecido, así como los vampiros que había visto poco antes. Sin embargo, algo había cambiado. Algunas piedras y escombros habían sido apartados manualmente, formando un hueco que llevaba al interior de la casa. Me introduje por el improvisado túnel hasta llegar a unas escaleras, que bajé sin dudar.

Llegué a una habitación y me encontré a dos vampiros peleando espada contra espada. El combate era muy igualado y no parecía que fuera a acabar nunca. Pero entonces miré fijamente a uno de los contendientes.

-¡Tú!-grité, viendo al maldito vástago que había buscado horas atrás. Ese hijo de la gran puta que, según mi sire, había asesinado a Laura, mi amada. Ni siquiera estaba seguro de que el fuera.

-¿Yo qué?-dijo, después de evitar uno de los ataques del vampiro al que yo desconocía.

-¡Tú mataste a Laura!-le grité, a pesar de no estar seguro de si era verdad o no.

-¿Laura? ¿Quién coño es Laura? Yo no he matado a nadie.-me respondió.

La ira creció en mi interior. Allí estaba el supuesto asesino al que tanto había estado buscando. ¿Por qué cojones dudaba tanto en atacarle? ¿Por qué no creía en la palabra de mi sire y sí en la de aquel Nosferatu? Todo me daba igual.

Tiré enfurecido mi maza al suelo, que quedó tiesa, clavada en el parqué. De la manga de mi túnico surgió una espada que cogí hábil por el mango. Era una espada doblada por la mitad por una especie de bisagra. La coloqué recta con un rápido movimiento de brazo y salté inmediatamente después hacia ambos guerreros. Herí al vampiro que no conocía tirándolo al suelo. Puse mi espada hacia él y miré hacia el otro. Con la mano que me quedaba libre, saqué mi otra espada oculta en mi manga izquierda. Ahora cada una de mis espadas apuntaba a uno de los vástagos.

Posiblemente ninguno de ellos fueran culpables de la muerte de mi amada, pero me daba igual.

“Un hijo puta más, un hijo puta menos…”

3 comentarios:

Lu~ . dijo...

Elisa no es una zorra angustiada, busca venganza igual que tú, pero recordandolo.

Te quedó genial, tío.

Anónimo dijo...

el final, el final TwT el final es guaaaaaaay TwT

yo tengo que escribir muchas cosas .o. pero hoy ya he gastado toda la inspiracion en la portada de la revista, asi que otro dia sera o.o

Lu~ . dijo...

Si, escribes de *u*a madre ^^