Al final ayer hice lo que me había propuesto y escribí la sesión del sábado desde el punto de vista de mi personaje, con algún añadido que no afecta a la trama, pero que que creí que quedaría bien. La calidad del escrito no es muy alta, pero fue algo que escribí al momento y debo reconocer que tampo me paré mucho a darle calidad. A parte que era difícil relatar algunas cosas y recordar absolutamente todo lo que pasó durante la partida. Así que no seáis muy duros con las críticas. Es bastante largo para el blog (de unas 5 págs en el Word), así que si no tenéis ganas o tiempo para leer, acabad aquí.
Noche 1 – Atentado contra la casa de la Príncipe
El golpe me lanzó directamente contra un árbol y posteriormente caí de bruces contra el suelo. Levanté la mirada y vi a mi enemigo delante de mí. Sus brazos eran enormes, concretamente los de un gorila. Distintos vástagos del clan Gangrel nos rodeaban formando un círculo y animando a que nos peleáramos. Escasas veces había alguna reunión Gangrel, ya que solemos ir por libre y sin meternos en asuntos ajenos. Sin embargo, eran estos encuentros en donde podíamos ver cuán fuerte se hacía el clan. En cada encuentro se peleaba una pareja y esa noche me tocaba a mí y al vástago de brazos de gorila.
Me levanté e hice estallar mi cuello moviéndolo hacia un lado. Todavía no había perdido pese a mis heridas. No. No había perdido. Volví a fijarme en sus brazos, eran ciertamente útiles en una pelea, mientras que yo sólo poseía ojos de gato, cola de caballo y una esplendorosa ala blanca que tenía que ocultar bajo algún ropaje si caminaba por la ciudad. Pero en ese momento llevaba el torso desnudo y no me avergonzaba de esos aspectos de mi físico que dejaba señales de mi Bestia interior. Tal vez no fuera útil en un combate, pero para algo había entrenado mucho una de las disciplinas propias de los Gangrel: Protean. Invoqué su segundo nivel y en poco tiempo mis manos se habían transformado en dos potentes y salvajes garras de bestia. Él lo vio, pero no hizo nada, tan solo me esperaba.
De un salto me abalancé sobre él, con mi garra izquierda pegada a mi cuerpo. Sin pensarlo mucho, aquel vástago gorila movió su brazo para golpearme, pero mis reflejos estaban lo suficientemente desarrollados como para esquivarlo. Aproveché el hueco que había dejado para atacar con todas mis fuerzas con mi preparada garra izquierda, que había permanecido atrás para golpear con más potencia. El vástago voló hasta atravesar uno de los árboles del bosque y acabó impactando contra una piedra, que se resquebrajó al recibir tan fuertemente el gran cuerpo del vástago. Hábilmente me acerqué a él y coloqué mi garra en su cuello para que no pudiera levantarse. Si se movía tan solo un poco, hundiría mis uñas en la piel de su cuello.
Nuestras miradas volvieron a coincidir. Tras unos segundos de tensión, el vástago del cual desconocía el nombre sonrió.
-Acepto mi derrota, cainita.-me dijo finalmente.
Retiré mi brazo mientras mi garra volvía a su forma habitual y le ayudé a levantarse. Mientras el vástago me retaba a un futuro duelo, pude ver entre el público a un vampiro con orejas de gato. Era mi sire, y si él estaba allí es porque tenía algo que decirme. Volví en mí para responder al gorila que lucharía contra él cuando quisiera.
Busqué mi ropa y me vestí rápidamente, teniendo el cuidado de colocar mi ala donde debía. Tras colocarme la túnica y coger mi preciada maza me acerqué a mi sire.
-¿Ocurre algo?-le pregunté.
Él miró a los lados esperando a que se disolviese el encuentro Gangrel y finalmente dijo:
-Tienes que venir conmigo, Lázaro. Unos vampiros han irrumpido en casa de la Príncipe.
-¿Cómo has dicho? Vayamos inmediatamente.
Salimos del bosque dirigiéndonos a toda velocidad hacia la casa de la Príncipe. Supuse que la ayuda que necesitaba mi sire era para luchar contra ellos, así que le hice una pregunta.
-Esos intrusos… ¿debemos aniquilarlos?
-Sí.
Sonreí brevemente mientras continuábamos corriendo en dirección a la mansión. Por fin había algo de acción.
Después de un buen rato llegamos hasta el recinto donde permanecía la mansión de la Príncipe en toda su grandeza, rodeada de un gran muro de piedra. Íllode, mi sire, abrió la puerta y entramos.
-Tú mira por allí.-dijo señalándome un lado de la casa.-Yo echaré un vistazo por aquí.
Después de asentir con la cabeza, me introduje en una de las habitaciones, concretamente el salón. Miré un poco cada mueble, buscando alguna señal de intromisión, pero todo estaba muy tranquilo, realmente no parecía que allí hubiera estado alguien.
-Lázaro.-dijo una voz a mi espalda. Me di la vuelta y vi a mi sire.-Sígueme, los he oído.
Salimos al exterior hasta dirigirnos a un lateral de la casa y caminamos hasta una pared que tenía un pequeño agujero. Desde mi oposición alcanzaba a ver a un vástago que trataba de tirar la pared abajo.
-Son ellos.-dijo Íllode.
-Yo me encargo.-dije, golpeando la pared con mi maza con toda la fuerza que tenía.
Parte de la pared se precipitó contra el suelo, aumentando el radio del agujero. Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar, un largo estoque de madera surgió de la oscuridad, con tan mala suerte que atravesó mi pecho y finalmente mi corazón. Casi al mismo tiempo, el único vampiro que yo había logrado ver hería mi hombro con una espada.
“No puede ser. Me han estacado… ¡maldita sea!”
Sin embargo, sabía que mi sire estaba allí al lado y podría quitarme la improvisada estaca en cualquier momento. Pero eso no ocurría, “¿a qué coño estaba esperando?” Fue entonces cuando pude ver con el rabillo de mi paralizado ojo cómo caía Íllode al suelo después de un fuerte golpe. Tras él corría un vampiro de vestimentas negras y pelo largo.
Por un momento temí por mi vida. Yo había ido allí con la intención de acabar con los intrusos y había acabado estacado frente a dos enemigos, uno armado con una espada y otro invisible, que supuse que utilizando algún tipo de disciplina había conseguido estacarme. Ambos vampiros salieron de la habitación por el agujero, ignorándome, y tras él, otro vampiro de aspecto imponente. “Un Brujah no…” fue lo primero que pasó por mi cabeza.
-Él nos atacó.-dijo la voz de una joven vampiresa que por fin se había dejado ver.
Segundos después, la pared se destruía en pedazos tras ser atravesada por una gran gárgola de piedra, que, en un suspiro, se deshizo en el aire. El Brujah me miró pensativo, para después coger el estoque que yacía en mi pecho y clavarlo en el suelo, dejando mi cuerpo boca arriba. La vampiresa que me había estacado gritaba en la lejanía: “¡Es una bomba! ¡Una bomba!” El maldito Brujah decidió escapar, no sin antes pisotear mi cuerpo.
En esa posición apenas podía ver nada, por lo que durante un momento no sabía que ocurría a mi alrededor, salvo intuir que mi sire y el joven de negro estaban luchando. Tras un golpe seco, noté como se acercaban unos pasos. Vi a mi sire y como el Brujah se abalanzaba sobre él para acabar cayendo al suelo después de un golpe de Íllode, que me pisó el pecho y tiró del estoque para, por fin, liberarme de mi parálisis.
Todavía tirado en el suelo, miré a mi sire y le dije:
-Gracias… lo necesitaba.
Me levanté y vi en una esquina de la casa a la extraña cainita hablar con otra vampiresa que colocaba con mucha atención una especie de artefacto en la pared. Suponía que se trataba de la bomba de la que hablaba la extraña vampiresa. Miré a mi sire, esperando órdenes.
-Será mejor que te vayas. Tengo algo pendiente con él y aquí corres peligro.
-Si vas a luchar contra ese vampiro, quiero verlo. De todos modos me alejaré un poco por si al final explota esta casa. Él no insistió más y se acercó al vástago de ropajes negros, que yacía desmayado cerca del muro. A una distancia prudencial, yo también me acerqué al muro para evitar la explosión dentro de lo posible.
Justo antes de que mi sire agarrase por el cuello a ese vampiro, este pudo decir con algo de dificultad:
-Idos.
La vampiresa de las bombas ya no estaba, y la extraña cainita salió corriendo después de decir que no se lo pensaría dos veces. Incomprensiblemente, el vampiro que me había herido con su espada se introducía por el agujero por el que poco antes había entrado. En ese momento me di cuenta de que todavía quedaba alguien más.
“¡El Brujah!”-pensé al momento, cuando vi como un gran cuerpo se movía a una velocidad impresionante con dos espadas en mano, dispuesto a cortarle la mano a mi sire, que mantenía en el aire a su enemigo. Pero mi sire tenía más experiencia que él y se zafó de él fácilmente, después de recibir un pequeño corte en el brazo. Yo, que observaba la escena expectante, pude ver como el enemigo de mi sire sacaba del abrigo una escopeta para, posteriormente, apuntar hacia él.
-¡No!-grité, mientras corría, maza en mano.
No pude llegar a tiempo y mi sire recibió un tiro en toda la cara, volando por los aires para acabar rodando por los suelos, inconsciente. Por suerte sólo inconsciente y no muerto. La confusión tras el disparo hizo que fallara en mi ataque, y cuando me disponía a golpearlo de nuevo, mis reflejos me lo impidieron y me paré.
Miré hacia la casa y activé mi Fortaleza pocos segundos antes de que aquella enorme mansión estallase y se envolviera en fuego. La onda expansiva nos lanzó a todos contra la muralla para caer finalmente en el suelo. Mi cuerpo se llenó de heridas, pero aún así fui el primero en levantarme, ya que había sido el que menos daño había recibido en la explosión. Mi mirada se turnó en mis tres compañeros. Mi sire todavía seguía allí, pese a todo. El vástago de negro permanecía inconsciente en el suelo y el Brujah se estaba levantando. En ese instante la alarma de su reloj comenzó a sonar, y pude ver como su mirada iba hacia el cielo.
“¿El cielo?”-pensé tras echarle yo también un vistazo. A pesar de la iluminación que desprendía la casa, el cielo ya no estaba tan oscuro. Eso, relacionado con la alarma del no tan tonto Brujah me hizo pensar que faltaba poco para amanecer, y a ninguno de los dos nos interesaba acabar hecho cenizas.
Lo miré sincero. Luego dirigí mi mirada a su aliado para acabar con los ojos en mi sire. Sin decir nada pretendía que comprendiese que no teníamos tiempo a más y todo había acabado en un empate temporal. Cogí el cuerpo de mi sire y me lo cargué a la espalda. Di unos pocos pasos atrás y mi gran ala blanca derecha se extendió, tras salir por la ranura que había en mi túnica. Pretendía saltar la muralla, y el impulso que me daría el ala compensaría las heridas que complicarían el salto.
Corrí y salté, pasando cerca de mí el estoque que antes había permanecido en mi corazón y logré cruzar al otro lado de la muralla.
“Ese Brujah nunca se rinde. Pensé que entendía que debíamos interrumpir el combato, pero veo que su inteligencia es más reducida de lo que me pareció hace un momento...”
Comencé mi carrera a través de la naturaleza de mi alrededor mientras curaba alguna de mis heridas para poder correr más rápido. Buscaba algún lugar donde resguardarnos del sol, ya que usar la fusión con la tierra cuando mi sire estaba inconsciente sería inútil si quería salvarle.
Por suerte, no muy lejos de allí encontré una iglesia. Corrí hacia la puerta y le di una patada, pero esta no se abría. “Tsk, tendré que volver a intentarlo”
Dejé el cuerpo de mi sire en el suelo y cargué contra la puerta, teniendo un resultado favorable esta vez. Con toda la velocidad que tenía, volví a coger el cuerpo de mi sire y cerré las puertas de la iglesia. Pronto encontré una habitación sin ventanas y decidí que allí descansaríamos durante el día. Dejé el cuerpo de mi sire en una silla y tras comprobar un poco qué le ocurría, supuse que necesitaría sangre, pero esa noche ya había terminado como para buscar algo de caza. Por si acaso, atasqué la puerta con un armario y acto seguido me acosté en el suelo. Poco antes de quedar dormido, se quedó en mi cabeza la cara del Brujah y del vástago que había estado peleando con mi sire. ¿Qué querrían?
Noche 2 – Fin de año
Cuando me desperté, todo seguía exactamente igual a como lo había dejado. Mi sire necesitaba alimento, así que, tras apartar el armario, salí rápido de la iglesia, en busca de algún mortal. No fue difícil encontrar a una víctima y dejarla noqueada de un golpe. Llevé el cuerpo hasta la habitación donde yacía mi maestro, y tras arañar el cuello del mortal, varias gotas de sangre cayeron sobre su boca.
Pronto despertó del trance para acabarse la comida que yo le había regalado. Esperé a que se lo terminara para charlar con él.
-Gracias, Lázaro, me has salvado. Te debo una, en serio.-dijo mientras se limpiaba la sangre de las comisuras.
-No es nada, tranquilo.-dije sinceramente.-
-Hay algo que debo decirte…-comenzó a decir Íllode.
-¿Ah, sí?
-El vampiro contra el que me estaba enfrentando… es el que violó y asesinó a tu amada. Él es culpable de que te metieran en la cárcel. Tengo una cuenta pendiente con él-dijo muy serio.
En ese momento no podía creerlo. “¿Hablaba en serio? Ese vampiro contra el que había estado peleando… era…él. ¿De verdad era el que yo tanto ansiaba encontrar?
-¿Eso es cierto? Demuéstramelo.-dijo con cierta agresividad.
-¿Es que acaso no confías en mí?-me respondió con severidad.
“Entendí su tono. Siempre había confiado en su palabra. Él me había dado la no-vida al fin y al cabo. Y él me había hablado de todo lo que me había ocurrido antes de perder la memoria.”-pensé, mientras que por un momento se pasaba por mi cabeza la idea de que tal vez las cosas no habían sucedido como él me contaba. Sin embargo, fue algo que desheché al instante.
-Así que… es él…-dije con odio.-¿Qué tienes pendiente con él?-pregunté.
-Me metió un tiro en la cara. Eso es todo.
-Entenderás que si hay la oportunidad de matarlo… quiero ser yo él que lo haga, ¿verdad?-le dije muy serio.
-Por supuesto. Es todo tuyo.
-¿Dónde estará ahora?-pregunté, sin esperar una respuesta.-Después de quedar inconsciente… quizá se lo llevo aquel Brujah.
-¿Inconsciente?-preguntó mi sire. “Claro, él no lo ha visto”
-Sí. Cuando la mansión de la Príncipe explotó, el cayó inconsciente. Como faltaba poco para amanecer, te traje hasta aquí.
Íllode se quedó pensativo unos segundos.
-Creo que deberías ir hasta la casa de la Príncipe. Quizá allí estén sus cenizas, y deberías comprobar si ya ha muerto.
-Sí, tienes razón. Iré hasta allí.
-Yo esperaré aquí.
Asentí con la cabeza y salí veloz de la iglesia, en dirección a aquella mansión, que ahora estaría hecha pedazos. Por el camino curé mis heridas, notando en ese mismo instante que empezaba a tener la necesidad de alimentarme, muy a mi pesar…
El golpe me lanzó directamente contra un árbol y posteriormente caí de bruces contra el suelo. Levanté la mirada y vi a mi enemigo delante de mí. Sus brazos eran enormes, concretamente los de un gorila. Distintos vástagos del clan Gangrel nos rodeaban formando un círculo y animando a que nos peleáramos. Escasas veces había alguna reunión Gangrel, ya que solemos ir por libre y sin meternos en asuntos ajenos. Sin embargo, eran estos encuentros en donde podíamos ver cuán fuerte se hacía el clan. En cada encuentro se peleaba una pareja y esa noche me tocaba a mí y al vástago de brazos de gorila.
Me levanté e hice estallar mi cuello moviéndolo hacia un lado. Todavía no había perdido pese a mis heridas. No. No había perdido. Volví a fijarme en sus brazos, eran ciertamente útiles en una pelea, mientras que yo sólo poseía ojos de gato, cola de caballo y una esplendorosa ala blanca que tenía que ocultar bajo algún ropaje si caminaba por la ciudad. Pero en ese momento llevaba el torso desnudo y no me avergonzaba de esos aspectos de mi físico que dejaba señales de mi Bestia interior. Tal vez no fuera útil en un combate, pero para algo había entrenado mucho una de las disciplinas propias de los Gangrel: Protean. Invoqué su segundo nivel y en poco tiempo mis manos se habían transformado en dos potentes y salvajes garras de bestia. Él lo vio, pero no hizo nada, tan solo me esperaba.
De un salto me abalancé sobre él, con mi garra izquierda pegada a mi cuerpo. Sin pensarlo mucho, aquel vástago gorila movió su brazo para golpearme, pero mis reflejos estaban lo suficientemente desarrollados como para esquivarlo. Aproveché el hueco que había dejado para atacar con todas mis fuerzas con mi preparada garra izquierda, que había permanecido atrás para golpear con más potencia. El vástago voló hasta atravesar uno de los árboles del bosque y acabó impactando contra una piedra, que se resquebrajó al recibir tan fuertemente el gran cuerpo del vástago. Hábilmente me acerqué a él y coloqué mi garra en su cuello para que no pudiera levantarse. Si se movía tan solo un poco, hundiría mis uñas en la piel de su cuello.
Nuestras miradas volvieron a coincidir. Tras unos segundos de tensión, el vástago del cual desconocía el nombre sonrió.
-Acepto mi derrota, cainita.-me dijo finalmente.
Retiré mi brazo mientras mi garra volvía a su forma habitual y le ayudé a levantarse. Mientras el vástago me retaba a un futuro duelo, pude ver entre el público a un vampiro con orejas de gato. Era mi sire, y si él estaba allí es porque tenía algo que decirme. Volví en mí para responder al gorila que lucharía contra él cuando quisiera.
Busqué mi ropa y me vestí rápidamente, teniendo el cuidado de colocar mi ala donde debía. Tras colocarme la túnica y coger mi preciada maza me acerqué a mi sire.
-¿Ocurre algo?-le pregunté.
Él miró a los lados esperando a que se disolviese el encuentro Gangrel y finalmente dijo:
-Tienes que venir conmigo, Lázaro. Unos vampiros han irrumpido en casa de la Príncipe.
-¿Cómo has dicho? Vayamos inmediatamente.
Salimos del bosque dirigiéndonos a toda velocidad hacia la casa de la Príncipe. Supuse que la ayuda que necesitaba mi sire era para luchar contra ellos, así que le hice una pregunta.
-Esos intrusos… ¿debemos aniquilarlos?
-Sí.
Sonreí brevemente mientras continuábamos corriendo en dirección a la mansión. Por fin había algo de acción.
Después de un buen rato llegamos hasta el recinto donde permanecía la mansión de la Príncipe en toda su grandeza, rodeada de un gran muro de piedra. Íllode, mi sire, abrió la puerta y entramos.
-Tú mira por allí.-dijo señalándome un lado de la casa.-Yo echaré un vistazo por aquí.
Después de asentir con la cabeza, me introduje en una de las habitaciones, concretamente el salón. Miré un poco cada mueble, buscando alguna señal de intromisión, pero todo estaba muy tranquilo, realmente no parecía que allí hubiera estado alguien.
-Lázaro.-dijo una voz a mi espalda. Me di la vuelta y vi a mi sire.-Sígueme, los he oído.
Salimos al exterior hasta dirigirnos a un lateral de la casa y caminamos hasta una pared que tenía un pequeño agujero. Desde mi oposición alcanzaba a ver a un vástago que trataba de tirar la pared abajo.
-Son ellos.-dijo Íllode.
-Yo me encargo.-dije, golpeando la pared con mi maza con toda la fuerza que tenía.
Parte de la pared se precipitó contra el suelo, aumentando el radio del agujero. Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar, un largo estoque de madera surgió de la oscuridad, con tan mala suerte que atravesó mi pecho y finalmente mi corazón. Casi al mismo tiempo, el único vampiro que yo había logrado ver hería mi hombro con una espada.
“No puede ser. Me han estacado… ¡maldita sea!”
Sin embargo, sabía que mi sire estaba allí al lado y podría quitarme la improvisada estaca en cualquier momento. Pero eso no ocurría, “¿a qué coño estaba esperando?” Fue entonces cuando pude ver con el rabillo de mi paralizado ojo cómo caía Íllode al suelo después de un fuerte golpe. Tras él corría un vampiro de vestimentas negras y pelo largo.
Por un momento temí por mi vida. Yo había ido allí con la intención de acabar con los intrusos y había acabado estacado frente a dos enemigos, uno armado con una espada y otro invisible, que supuse que utilizando algún tipo de disciplina había conseguido estacarme. Ambos vampiros salieron de la habitación por el agujero, ignorándome, y tras él, otro vampiro de aspecto imponente. “Un Brujah no…” fue lo primero que pasó por mi cabeza.
-Él nos atacó.-dijo la voz de una joven vampiresa que por fin se había dejado ver.
Segundos después, la pared se destruía en pedazos tras ser atravesada por una gran gárgola de piedra, que, en un suspiro, se deshizo en el aire. El Brujah me miró pensativo, para después coger el estoque que yacía en mi pecho y clavarlo en el suelo, dejando mi cuerpo boca arriba. La vampiresa que me había estacado gritaba en la lejanía: “¡Es una bomba! ¡Una bomba!” El maldito Brujah decidió escapar, no sin antes pisotear mi cuerpo.
En esa posición apenas podía ver nada, por lo que durante un momento no sabía que ocurría a mi alrededor, salvo intuir que mi sire y el joven de negro estaban luchando. Tras un golpe seco, noté como se acercaban unos pasos. Vi a mi sire y como el Brujah se abalanzaba sobre él para acabar cayendo al suelo después de un golpe de Íllode, que me pisó el pecho y tiró del estoque para, por fin, liberarme de mi parálisis.
Todavía tirado en el suelo, miré a mi sire y le dije:
-Gracias… lo necesitaba.
Me levanté y vi en una esquina de la casa a la extraña cainita hablar con otra vampiresa que colocaba con mucha atención una especie de artefacto en la pared. Suponía que se trataba de la bomba de la que hablaba la extraña vampiresa. Miré a mi sire, esperando órdenes.
-Será mejor que te vayas. Tengo algo pendiente con él y aquí corres peligro.
-Si vas a luchar contra ese vampiro, quiero verlo. De todos modos me alejaré un poco por si al final explota esta casa. Él no insistió más y se acercó al vástago de ropajes negros, que yacía desmayado cerca del muro. A una distancia prudencial, yo también me acerqué al muro para evitar la explosión dentro de lo posible.
Justo antes de que mi sire agarrase por el cuello a ese vampiro, este pudo decir con algo de dificultad:
-Idos.
La vampiresa de las bombas ya no estaba, y la extraña cainita salió corriendo después de decir que no se lo pensaría dos veces. Incomprensiblemente, el vampiro que me había herido con su espada se introducía por el agujero por el que poco antes había entrado. En ese momento me di cuenta de que todavía quedaba alguien más.
“¡El Brujah!”-pensé al momento, cuando vi como un gran cuerpo se movía a una velocidad impresionante con dos espadas en mano, dispuesto a cortarle la mano a mi sire, que mantenía en el aire a su enemigo. Pero mi sire tenía más experiencia que él y se zafó de él fácilmente, después de recibir un pequeño corte en el brazo. Yo, que observaba la escena expectante, pude ver como el enemigo de mi sire sacaba del abrigo una escopeta para, posteriormente, apuntar hacia él.
-¡No!-grité, mientras corría, maza en mano.
No pude llegar a tiempo y mi sire recibió un tiro en toda la cara, volando por los aires para acabar rodando por los suelos, inconsciente. Por suerte sólo inconsciente y no muerto. La confusión tras el disparo hizo que fallara en mi ataque, y cuando me disponía a golpearlo de nuevo, mis reflejos me lo impidieron y me paré.
Miré hacia la casa y activé mi Fortaleza pocos segundos antes de que aquella enorme mansión estallase y se envolviera en fuego. La onda expansiva nos lanzó a todos contra la muralla para caer finalmente en el suelo. Mi cuerpo se llenó de heridas, pero aún así fui el primero en levantarme, ya que había sido el que menos daño había recibido en la explosión. Mi mirada se turnó en mis tres compañeros. Mi sire todavía seguía allí, pese a todo. El vástago de negro permanecía inconsciente en el suelo y el Brujah se estaba levantando. En ese instante la alarma de su reloj comenzó a sonar, y pude ver como su mirada iba hacia el cielo.
“¿El cielo?”-pensé tras echarle yo también un vistazo. A pesar de la iluminación que desprendía la casa, el cielo ya no estaba tan oscuro. Eso, relacionado con la alarma del no tan tonto Brujah me hizo pensar que faltaba poco para amanecer, y a ninguno de los dos nos interesaba acabar hecho cenizas.
Lo miré sincero. Luego dirigí mi mirada a su aliado para acabar con los ojos en mi sire. Sin decir nada pretendía que comprendiese que no teníamos tiempo a más y todo había acabado en un empate temporal. Cogí el cuerpo de mi sire y me lo cargué a la espalda. Di unos pocos pasos atrás y mi gran ala blanca derecha se extendió, tras salir por la ranura que había en mi túnica. Pretendía saltar la muralla, y el impulso que me daría el ala compensaría las heridas que complicarían el salto.
Corrí y salté, pasando cerca de mí el estoque que antes había permanecido en mi corazón y logré cruzar al otro lado de la muralla.
“Ese Brujah nunca se rinde. Pensé que entendía que debíamos interrumpir el combato, pero veo que su inteligencia es más reducida de lo que me pareció hace un momento...”
Comencé mi carrera a través de la naturaleza de mi alrededor mientras curaba alguna de mis heridas para poder correr más rápido. Buscaba algún lugar donde resguardarnos del sol, ya que usar la fusión con la tierra cuando mi sire estaba inconsciente sería inútil si quería salvarle.
Por suerte, no muy lejos de allí encontré una iglesia. Corrí hacia la puerta y le di una patada, pero esta no se abría. “Tsk, tendré que volver a intentarlo”
Dejé el cuerpo de mi sire en el suelo y cargué contra la puerta, teniendo un resultado favorable esta vez. Con toda la velocidad que tenía, volví a coger el cuerpo de mi sire y cerré las puertas de la iglesia. Pronto encontré una habitación sin ventanas y decidí que allí descansaríamos durante el día. Dejé el cuerpo de mi sire en una silla y tras comprobar un poco qué le ocurría, supuse que necesitaría sangre, pero esa noche ya había terminado como para buscar algo de caza. Por si acaso, atasqué la puerta con un armario y acto seguido me acosté en el suelo. Poco antes de quedar dormido, se quedó en mi cabeza la cara del Brujah y del vástago que había estado peleando con mi sire. ¿Qué querrían?
Noche 2 – Fin de año
Cuando me desperté, todo seguía exactamente igual a como lo había dejado. Mi sire necesitaba alimento, así que, tras apartar el armario, salí rápido de la iglesia, en busca de algún mortal. No fue difícil encontrar a una víctima y dejarla noqueada de un golpe. Llevé el cuerpo hasta la habitación donde yacía mi maestro, y tras arañar el cuello del mortal, varias gotas de sangre cayeron sobre su boca.
Pronto despertó del trance para acabarse la comida que yo le había regalado. Esperé a que se lo terminara para charlar con él.
-Gracias, Lázaro, me has salvado. Te debo una, en serio.-dijo mientras se limpiaba la sangre de las comisuras.
-No es nada, tranquilo.-dije sinceramente.-
-Hay algo que debo decirte…-comenzó a decir Íllode.
-¿Ah, sí?
-El vampiro contra el que me estaba enfrentando… es el que violó y asesinó a tu amada. Él es culpable de que te metieran en la cárcel. Tengo una cuenta pendiente con él-dijo muy serio.
En ese momento no podía creerlo. “¿Hablaba en serio? Ese vampiro contra el que había estado peleando… era…él. ¿De verdad era el que yo tanto ansiaba encontrar?
-¿Eso es cierto? Demuéstramelo.-dijo con cierta agresividad.
-¿Es que acaso no confías en mí?-me respondió con severidad.
“Entendí su tono. Siempre había confiado en su palabra. Él me había dado la no-vida al fin y al cabo. Y él me había hablado de todo lo que me había ocurrido antes de perder la memoria.”-pensé, mientras que por un momento se pasaba por mi cabeza la idea de que tal vez las cosas no habían sucedido como él me contaba. Sin embargo, fue algo que desheché al instante.
-Así que… es él…-dije con odio.-¿Qué tienes pendiente con él?-pregunté.
-Me metió un tiro en la cara. Eso es todo.
-Entenderás que si hay la oportunidad de matarlo… quiero ser yo él que lo haga, ¿verdad?-le dije muy serio.
-Por supuesto. Es todo tuyo.
-¿Dónde estará ahora?-pregunté, sin esperar una respuesta.-Después de quedar inconsciente… quizá se lo llevo aquel Brujah.
-¿Inconsciente?-preguntó mi sire. “Claro, él no lo ha visto”
-Sí. Cuando la mansión de la Príncipe explotó, el cayó inconsciente. Como faltaba poco para amanecer, te traje hasta aquí.
Íllode se quedó pensativo unos segundos.
-Creo que deberías ir hasta la casa de la Príncipe. Quizá allí estén sus cenizas, y deberías comprobar si ya ha muerto.
-Sí, tienes razón. Iré hasta allí.
-Yo esperaré aquí.
Asentí con la cabeza y salí veloz de la iglesia, en dirección a aquella mansión, que ahora estaría hecha pedazos. Por el camino curé mis heridas, notando en ese mismo instante que empezaba a tener la necesidad de alimentarme, muy a mi pesar…

3 comentarios:
Me ha gustado mucho como lo has relatado. Es una buena idea escribir las partidas desde el punto de vista de cada uno, aunque eso sería copiarte otra vez ._.
¡¡Envidia de buenas ideas ToT!!
La verdad es que te quedó bastante bien. Yo tenía la idea de copiar las partidas también, pero no podría hacerlo desde el punto de vista de mi personaje porque implica una serie de spoilers; tampoco puede Juan ser el protagonista porque también desvelaría ciertos "secretos". Sin embargo, intentaré redactar todo desde el princpio de un modo más... en tercera persona.
Este comentario servirá para comentar todas las entradas pasadas del señorito Dhaos en este blog porque Irwen es vaga y no quiere escribir un comentario por entrada pasada .o. (excuse me ·3·U)
Creo que a nadie le sienta bien encerrarse en casa a estudiar u.u Desde luego, a mí no u.u Siento no haber ayudado demasiado a mejorar tu ánimo a lo largo del fin de semana u.u Me gustaría realmente poder ayudar...
El relato está bien, yo soy la chica misteriosa-invisible-rara que te estacó, muahuahua. Malkavian rulz!
Los carnavales se acercan...
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