Me faltan un par de líneas para terminar el segundo, que ya os aviso que no es continuación directa del primero, pero que cuenta algunas cosas. Espero que os guste, porque tengo ideas y creo que puede quedar bien. El problema quizá, es que será todo un poco confuso y lioso, pero más que contar una historia de principio a fin, quiero contar lo que les pasa a mis personajes. Por supuesto, habrá una trama principal y un protagonista principal, del que os hablo ahora. Todavía no tengo título para la historia :p
Espero que os guste ^^
Airath 1
Recostó su espalda en la vieja silla rechinante de aquel Café. Su sitio era uno de los rincones, desde donde podía observar todos los clientes, sus gestos, sus movimientos, sus miradas, inventándose sus vidas. Se regocijaba en la idea de sentirse superior a los demás y en ningún momento pensaba que fuera al contrario.
-¿Lo mismo de siempre?-dijo el camarero, despertándole de sus pensamientos.
-Sí, gracias.-respondió este con su característica voz ronca, sonriendo y mostrando su blanca e impoluta dentadura, en la que destacaban dos extraños colmillos sobrenaturalmente grandes.
El camarero sonrió un poco, no era la primera vez que le había visto, simplemente pensaba que Airath, el extraño cliente habitual, era un poco raro.
Airath tenía el aspecto de un joven que empezaba a desgastarse. Era alto y delgado, pero levemente musculado. Su rostro, pese a conservar la juventud, desprendía multitud de experiencias, ya fuera a través de su cansada mirada, de la cicatriz de su mejilla o de sus arrugas. Sus ojos eran negros, algo hundidos en su faz, en consonancia con la profundidad de su mirada, más de un anciano que de un joven adulto. Su nariz era muy masculina, grande y recta, apoyada encima de su boca común y muy corriente. Rodeándola, una barba poco cuidad de 3 o 4 días. Tenía el pelo corto, con un flequillo en forma de U invertida, de color negro. Airath solía vestir con ropa oscura, acorde con su forma de ser, tristón y desencantado. Hombre normalmente malhumorado y borde pero con un sentido del humor particular. En ese instante, vestía una camisa negra un poco abierta por el pecho, unos pantalones también negros y unos zapatos.
El Café Rhapsody era su favorito. Cerraba ya avanzada la noche, la música no le molestaba y servían buen café.
El camarero le trajó su capuchino, y en ese momento, por la puerta entró un hombre conocido vestido de traje. Miró hacia todos los lados dentro del local, buscando, mientras se acariciaba su frondoso bigote. Y en ese momento vio a Airath, sentado en su típico rincón, y tras mostrar una sonrisa de victoria, caminó hasta llegar a sentarse frente a Airath. Su barriga lo separaba varios centímetros de la mesa.
-¿Qué coño haces aquí?-preguntó Airath, con tono inquisidor.
-¿Y tu educación?-contestó el cincuentón, de forma burlona.
Airath le dedicó una fulminante mirada y tras eso, se relajó. Sacó una cajetilla de tabaco de sus bolsillos y encendió un cigarro negro. Tras darle una calada:
-Estás más calvo que nunca.-dijo fijándose en sus exageradas entradas y en la falta de vello en el cogote, como si el mantener el enorme mostacho le hubiera descompensado el total de pelo de su cuerpo.
-No todos nos conservamos como tú.-respondió el hombre.
-¿A qué has venido, Grey?-preguntó el fumador sin miramientos.-Sabes que no me gustan tus negocios.
-Este sí, Ai.-dijo el gordo, que ignoró las quejas de primero con respecto a la forma de llamarle.-Se trata de…-comenzó, mientras comprobaba que nadie le escuchaba a su alrededor-... de los licántropos.-susurró, con tono ciertamente asustado.
-Por mucho que susurres, cualquier vampiro o lobo podría haberte escuchado sin esfuerzo. Vámonos de aquí, es más seguro.
Airath bebió de golpe su capuchino y dejó las monedas necesarias encima de la mesa. Salieron del local y se metieron en un callejón. Airath sacó su plateada Desert Eagle del cinturón, camuflada por debajo de la camisa, y con tono intimidatorio, pronunció:
-Grey. Creí haber dejado claro que no quería saber absolutamente nada de ti , de tu barrigón y de tus putos negocios.-dijo, dándole la última calada al cigarro y tirándolo al suelo, sin mirar al bigotudo.
-Airath, tío, tienes que comprenderme. Me escogieron a mí para los negocios con humanos, pero también me utilizan-se pausó, apenado al recordar que no era más que un instrumento.-como intermediario para encontrar a los vampiros que han decido desaparecer.
-No quiero saber nada de ellos. Y no decidí desaparecer. Decidí ser un vampiro de verdad, alguien que vive entre los humanos y se alimenta de ellos de vez en cuando. No quiero tener nada que ver con su puta organización… -siguió Airath, enfadado.
-Ha cambiado desde que te fuiste. En estos diez años te has perdido muchas cosas y ahora son otros vampiros los que llevan la organización. Incluso creo que te gustará. Y ahora necesitan tu ayuda con los hombres-lobo. Por tu contacto con algunos de ellos…-dijo, pausándose un momento al ver el rostro enfurecido del vampiro de la pistola.- Ai, tío, necesito que vuelvas con ellos. Me han dicho que si te convenzo, me dejarán en paz y podré volver a tener una vida normal.-suplicó el gordo.
El vampiro se quedó en silencio, como esperando alguna palabra más, todavía con el arma en alto. Tenía curiosidad por la nueva organización y por los problemas con los lobos, pero no le interesaba lo más mínimo ayudarles en nada. Grey, al ver que no respondía, sacó una pequeña tarjeta de uno de los bolsillos mientras dejaba escapar un último “por favor”.
-Has hecho bien tu trabajo, Grey. Pero te mintieron cuanto te dijeron que tendrías una vida normal. Esto es lo que harán contigo…
Un pequeño berrido de angustia se vio silenciado por el cañonazo de la Desert, que lanzó su bala directo contra la cabeza del gordo, esparciendo sus sesos por la calle. Tras eso, el cuerpo cayó como un saco de patatas. Airath se agachó a coger la tarjeta, que todavía seguía en la mano del reciente cadáver y la miró. En ella aparecía una calle manuscrita a bolígrafo. El vampiro supuso que lo había apuntado el humano.
La dirección que recordaba era otra, lo que en cierto modo confirmaba los cambios dentro de la organización. Se preguntaba si seguía siendo un grupo que trabajaba para la realeza vampírica o si irían en contra de ella. También se preguntó por sus dirigentes, y por qué clase de vampiros estarían a su mando. El caso es que sabían quién era, y conocían parte de su pasado y de sus andanzas por la anterior organización. Decidió dirigirse hacia allí en su momento, alejándose así de la atención que el ruido del disparo podría haber causado. Su moto todavía le esperaba en una de las calles cercanas.

4 comentarios:
Me gusta Airath. Y el comienzo de tu historia me recuerda no sé a qué lugar, donde hay también capuccinos, gente distinta y alguien que imagina sus vidas ;P xD
Espero con ganitas la continuación, quiero saber cómo sigue y qué pasará con los licántropos y esa organización de la que hablaba el pobriño de Grey.
No me esperaba que se lo fuera a cargar así porque sí ó.ò
Sigue así :3
Me gusta el proyecto. Y el presente y futuro resultado.
Ánimo con ello.
Eso no te lo puedo decir. Además... Imagínate que no soy yo. La princesa se iba a enfadar un montón. Y creo que es mejor no enfadarla, por lo visto tiene bastante carácter. Aunque también dicen que es difícil que se enfade.
Ña.
HOLA ME GUSTA TU HISTORIA, COMO ME PUDIERAS MANDAR UNA COPIA, REALMENTE ME INTERESA... YA QUE ASI LE PONDRE A MI BEBE AIRATH...
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